
Ayer tuve la suerte de vivir una de las experiencias más fascinantes con las que la vida nos puede sorprender, algo que a todos nos emociona y de lo que siempre guardamos maravillosos recuerdos. Ayer, afortunado yo, decidí tomarme la tarde libre para visitar a mi dentista (ironía I).
Es un lugar al que siempre voy contentísimo porque sé que no voy a sufrir. La tranquilidad y paz interior que tengo en las horas previas o incluso en la misma sala de espera es algo que no consigo ni cuando estoy de vacaciones tumbado al sol. El momento en el que entras y te sientas en ese sillón (me compraré uno para mi casa) para ponerte cabeza abajo es casi orgásmico, pero lo mejor llega cuando empieza la manipulación: Que si te pincho para anestesiarte, que si ya estás anestesiado y sientes que tienes la boca como Carmen de Mairena, que si ese ruidito agudo que suena a taladro de carpintero, etc., etc. (ironía II)
También uno se da cuenta de que los dentistas son mentirosos compulsivos: "Ya no queda nada" significa que te quedan por delante entre 40 y 45 minutos de sufrimiento. "Si te duele me avisas que paro" significa que si te duele te fastidias porque no puedes avisar al tener la boca inutilizada, pero si consigues avisar por otros métodos, te dirán algo así como "venga, aguanta que ya está". Y al salir, cuando te dice "no creo que te duela, pero si te molesta un poco te tomas un ibuprofeno" quiere decir claramente "esta noche, mañana y los próximos 7 días las vas a pasar canutas, desearás no haber venido nunca y yo de ti iba a la farmacia a comprar 7 cajas de ibuprofeno porque lo que te va doler no está en los escritos".
Y reconozco que todo es por mi bien, que a la larga es mejor para mí, que mi dentadura va a ser maravillosa y que podré hasta comer piedras con ella. Por eso y por el rato agradable que ayer me tocó pasar pago tan contento al final de cada sesión....
Es un lugar al que siempre voy contentísimo porque sé que no voy a sufrir. La tranquilidad y paz interior que tengo en las horas previas o incluso en la misma sala de espera es algo que no consigo ni cuando estoy de vacaciones tumbado al sol. El momento en el que entras y te sientas en ese sillón (me compraré uno para mi casa) para ponerte cabeza abajo es casi orgásmico, pero lo mejor llega cuando empieza la manipulación: Que si te pincho para anestesiarte, que si ya estás anestesiado y sientes que tienes la boca como Carmen de Mairena, que si ese ruidito agudo que suena a taladro de carpintero, etc., etc. (ironía II)
También uno se da cuenta de que los dentistas son mentirosos compulsivos: "Ya no queda nada" significa que te quedan por delante entre 40 y 45 minutos de sufrimiento. "Si te duele me avisas que paro" significa que si te duele te fastidias porque no puedes avisar al tener la boca inutilizada, pero si consigues avisar por otros métodos, te dirán algo así como "venga, aguanta que ya está". Y al salir, cuando te dice "no creo que te duela, pero si te molesta un poco te tomas un ibuprofeno" quiere decir claramente "esta noche, mañana y los próximos 7 días las vas a pasar canutas, desearás no haber venido nunca y yo de ti iba a la farmacia a comprar 7 cajas de ibuprofeno porque lo que te va doler no está en los escritos".
Y reconozco que todo es por mi bien, que a la larga es mejor para mí, que mi dentadura va a ser maravillosa y que podré hasta comer piedras con ella. Por eso y por el rato agradable que ayer me tocó pasar pago tan contento al final de cada sesión....
