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jueves, 20 de mayo de 2010

Vaya lío


A lo largo y ancho de nuestra vida tenemos que tomar decisiones de una manera casi continuada. Decisiones que unas veces son tan fáciles de tomar que pasan completamente desapercibidas como pueden ser las rutinarias: "Hoy decido que voy a trabajar en vez de quedarme en la cama" u "Hoy decido que voy a comer lentejas en lugar de comer un cuarto de libra con queso y doble de patatas que es lo que realmente me apetece".


Pero es que también hay que tomar decisiones que se complican por momentos y que se complican por factores externos como puede ser la propia educación de cada uno, el temor a que esas decisiones puedan afectar a terceras personas que no tienen la culpa de nada, el miedo a equivocarse o a que te digan NO (típico temor del enamorado, que a veces prefiere vivir con el temor antes que con la decepción). Son decisiones que te marcan de una manera más profunda y que por ellas puede variar tu vida de una forma muy sustanciosa, para bien o para mal.


Y todo esto lo digo porque ahora me veo en una situación en la que tengo que decidir. No es nada serio, pero si es algo que puede hacer que mi vida sea más cómoda o más incómoda. Lo bueno de esta decisión es que, tome la que tome, seguiré siendo igual de feliz o infeliz. Lo malo, que si la tomo perjudicaré a alguien, pero yo me pregunto: Si fuese al revés, ¿ellos pensarían en mí?..


Y vosotros diréis: ¿A mi que me importa todo esto?...



AVISO: La decisión es importante, pero no demasiado. Que nadie piense cosas extrañas ni que voy a hacer una barbaridad, que nada más lejos de la realidad.