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sábado, 20 de febrero de 2010

El Efecto "PLOP"




Hace unos cuantos meses, un año quizás mantenía una conversación muy interesante con un buen amigo que tiene en la psicología una de sus grandes aficiones. En esa conversación también estaba con nosotros una botella de vino que apenas intervino, al menos de un modo activo y el tema no era otro que "El Efecto PLOP", una teoría que me surgió hace ya unos cuantos años y que todos o casi todos la hemos vivido en algún momento, aunque no seamos conscientes de ello.

Le decía yo a este amigo que cuando mantienes una relación, que puede ser sentimental o amistosa, con una persona y esa relación se rompe por las circunstancias que sean, tu corazón y tu mente se quedan bastante tocadas durante un tiempo en lo que podríamos definir como "duelo sentimental". Es lo mismo que la relación se haya roto porque tu así lo querías o porque la otra persona decidió emprender nuevos rumbos, da igual que tu seas el afectado o seas el "afectante", la realidad es que el duelo se pasa de todas formas y con una intensidad que dependerá de las circunstancias de la ruptura porque puede ocurrir y ocurre que decidas romper una relación porque te hace la vida imposible y aún así sufrirás cuando lo hagas y durante un tiempo. Ese tiempo es el terrible y temido "duelo sentimental".

Pero de pronto, al cabo de unos meses, y sin saber la causa real se produce el "Efecto PLOP". PLOP es el teórico sonido que hace una pompa de jabón cuando estalla y desaparece para siempre. Es un sonido que no se oye pero que se intuye, un sonido que se ve y eso es lo que nos pasa cuando transcurre un tiempo. De pronto suena un PLOP y esa burbuja de melancolía en la que estábamos atrapados desaparece para siempre y desde ese momento la vida tiene otro color y se afronta de otra manera.

El Efecto PLOP es eso sin más y es así: aparece de inmediato, sin avisar y cuando menos lo esperas y te hace que mires más hacia adelante y cada vez menos hacia atrás.

Una teoría que no resulta fácil de explicar si una buena botella de vino cerca, pero que yo lo acabo de intentar. Quizás suene mejor enfrascada en una conversación. Espero os haya gustado.



viernes, 13 de noviembre de 2009

Duelo Perdido


Miércoles, 10:23 minutos de la mañana. Me encuentro en un centro comercial de la región, aproximadamente a 24 kilómetros de mi casa y mi cuerpo se va debilitando poco a poco. Necesita reponer energías urgentemente y nada mejor para eso que un buen desayuno.

Decido buscar un lugar adecuado para ello y encuentro una franquicia hostelera cuyo nombre no recuerdo. No es de mi agrado pero soy consciente que lo único que podré encontrar en 3 kilómetros a la redonda son franquicias y si quiero otra cosa tendré que conducir sin rumbo hasta encontrar otro lugar similar y sin garantías de mejorar el que ya tengo delante de mis narices, con lo que decido quedarme y arriesgar.


Mi primera sorpresa es que no hay ni una mesa libre. Me sorprende porque el aspecto del centro comercial es desértico, las tiendas vacías, los pasillos a medio gas, pero el bar hasta los topes. Me veo entre la espada y la pared porque o me quedo, espero el tiempo necesario a encontrar un hueco donde acomodarme y desayuno o me voy, no desayuno y acabo desmayado por cualquier esquina. Tomo el camino inteligente y decido esperar.


A los pocos segundos mi espera da sus frutos. Una familia que ocupaba una mesa termina su rato de ocio y se levanta. Yo soy el único que en ese momento espera y por lo tanto, la mesa será mía. Sólo mía.


En ese periodo de escasos 5 segundos en el que yo me acerco para sentarme oigo una dulce vocecilla de anciana señora que dice "Voy a cambiarme de mesa porque esa me gusta más", refiriéndose a mi mesa. Es importante recordar en este punto que el desayuno va a ser servido en una franquicia donde una característica importante es que todas las mesas son iguales y no las hay ni mejores ni peores, vamos que no estoy desayunando en el Sheraton de NY.


Yo, por un momento, pensé que al verme acomodado ya en ella iba a desisitir de su peregrina idea, peeeero, mi sorpresa llegó a unos 15 segundos de tomar asiento: De pronto aparece la venerable y se sienta, ni corta ni perezosa, a mi lado, en mi misma mesa, tratándome como si yo fuese el hombre invisible y haciéndome pensar por un momento si realmente yo estaba allí sentado o era mi espectro el que lo hacía. Ella ni me dirigía la mirada, en ningún momento me dijo si me importaba tenerla allí haciéndome compañía, pasaba de mi de manera olímpica hasta que la muy...cabrona (perdonadme por este ataque directo a la venerable) consiguió su objetivo.


Me vine abajo, decidí no polemizar y en silencio me levanté y me fuí a la otra mesa, la que ella había dejado. Sin duda debía haber hecho valer mis derechos, debía haber dicho algo a la "signorina", pero no pude. Perdí el duelo en esta semana en el que no gano uno (recordad el de la cajera del súper) y el desayuno ya no pudo ser igual. Ella, acostumbrada a ganar siempre, al verme marchar cabizbajo y moralmente destrozado no se apiadó de mí ni un poquito y fría como el hielo y tratándome como a un ser inexistente me dejó ir sin dirigirme ni una sola palabra.


Pero esto no quedará así. Volveré y triunfaré. Vaya si lo haré, maldita venerable!!!
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