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miércoles, 2 de marzo de 2011

2 de marzo: Estrés mudancero.

Dicen los expertos expertísimos en estrés (como me gustaría a mí ser experto en algo) que las tres causas que más pueden afectar a la mente de un ser humano son: La muerte de un familiar, un divorcio y una mudanza (no necesariamente en este orden) y el que os escribe esto, en menos de un año, ya le tocó pasar por dos de ellas. Hay gente que le toca dos veces la lotería, pero a mi me tocó pasar 2 veces por situaciones de "máximo" estrés, que para eso tengo el cargo vitalicio de "Rey de la Pequeña Mala Suerte".


La última de ellas fue una mudanza donde yo pensaba que yo era el Rey del Mambo y que iba a ser todo coser y cantar, donde me reía de aquellos que me decían frase como "Ya verás como tienes muchísimas más cosas de las que te imaginas" y donde me las daba de ser superior al creer que en cuestión de dos horas estaría en mi nuevo hogar como si nada hubiera pasado y riéndome a carcajadas de todos aquellos consejitos que había recibido en las jornadas previas.


Pero, aaaaay amigos, que equivocadísimoo estaba. De pronto me vi en una casa que no era la mía con cajas que se apilaban a modo de skyline neoyorkino y que se contaban por millares, con bolsas de basura cargadas de objetos inservibles y que para mi recuerdo eran ya inexistentes, con enoooormes pelotillas de polvo que me miraban con cara amenazante, durmiendo en un lugar extraño donde al despertar me pegué un buen bofetón contra un armario que mi mente no había asimilado aún y en un baño que no era el mío, porque parece una pijada, pero ducharse en ducha ajena no suele ser tarea fácil. Toda una experiencia que a pesar de haber vivido ya 4 veces a lo largo de mi vida, no la recordaba tan dura.

El caso es que ya voy recuperando mi sitio, las cajas van desapareciendo y las pelotillas son imperceptibles aunque, sinceramente, comparar una mudanza a la muerte de un familiar o a un divorcio me hace pensar que entre la corte de expertos que un buen día se reunieron para decidir las tres causas más estresantes del mundo mundial, algún pusilánime existe...

Anda que no habrá guerras, situaciones económicas tremendas e injusticias por el mundo. En fin...

martes, 2 de diciembre de 2008

Un poco de estrés

Hoy tuve un día de esos perros perros, pero nada grave. Que nadie se preocupe. Pero fué un día en el que el maldito estrés iba creciendo según pasaba la mañana y no consiguió empezar a bajar hasta mediada la tarde.

Lo que no me imaginaba yo, allá por octubre, era que escribir este blog iba a servirme como una especie de terapia relajante con la que disfruto cada día más.

El estrés venía provocado por asuntos laborales, pero para culminar, estuve al mediodía en un centro comercial donde quise comer algo antes de empezar con las primeras compras navideñas.

Mira que no habrá sitios para comer en un centro comercial que aunque no sean sanos se disfrutan: McDonalds, Burguer King, Vip's, Gino's, Pizzamóvil, etc, etc.

Pues el gilipollas que suscribe se decidió por un bareto que ofrecía pinchos en la barra al más puro estilo de cafetería de ciudad. No sé porque se me pasó por la cabeza quedarme allí ni qué fuerza hipnótica hizo que mis pasos se dirigiesen hacia ese inhóspito local. Allí pedí un pincho de pollo que alcanzó el título de "pincho de pollo más malo del mundo". Estaba duro como una piedra de molino, empanado con un pan rallado que parecía arena de obra y el camarero, agradable donde los haya, me lo tiró encima de la barra desde una distancia aproximada de 2 metros. Allí se quedó el 87% del pincho y mis ganas de volver a entrar a sitios en los que nadie me llama.

Mi estrés, afortunadamente, ya pasó y prometo que la próxima vez que tenga un McDonalds cerca y necesidad de comer no le seré infiel a un buen cuarto de libra.