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domingo, 4 de octubre de 2009

Lo positivo y negativo de la descendencia.


Como ya todos sabéis, hace poco más de un mes, he sido papá de mi segundo hijo (que se sepa, como diría el chistosillo de turno) y en estos treintaypico días he pensado cosas positivas y cosas menos positivas de tener hijos. Como no quiero tener secretos con vosotros os hago un pequeño resumen a modo de guía para futuros padres que, me consta, alguno hay entre mis lectores. Ahí voy:

Cosas menos positivas:

- Dormir poco: Esta es la parte que peor llevo en estos momentos. Resulta duro, muy duro, estar acostumbrado a dormir una media de ocho horas y, de golpe y porrazo, reducir esa media prácticamente a la mitad. El cuerpo se va acostumbrando, pero no deja de ser duro. Lo bueno de esto es que descubres programas de televisión que jamás imaginarías que existieran y lo mejor es que, aunque ahora parezca imposible, esto tiene una duración limitada y luego se vuelve a recuperar el ritmo de sueño.

- Fin de la tranquilidad: Así como suena. Desde el momento en el que tienes un hijo es casi imposible que disfrutes de un periodo largo de tranquilidad en todo lo que te queda de vida. Que si come, que si no come, que ríe, que llora, que si tiene mocos, que si tiene plaza en el colegio, que si se va de botellón, que si se casa, que si encuentra trabajo, que si estudia bien, que si será feliz, que si...

- Fin de la libertad: Ya nada vuelve a ser como antes. Si estabas acostumbrado a salir, a cenar los fines de semana, a marchar unos días a visitar una ciudad, temporalmente SE ACABÓ. Deberás espaciar más las salidas con las que tanto disfrutabas y dependerás de tener a alguien que buenamente se ofrezca a cuidar a la descendencia. En el caso del primer hijo, el golpe psicológico que supone esta pérdida repentina de libertad es BRUTAL, pero te vas acostumbrando a las circunstancias. Las salidas son menores pero es fundamental que las siga habiendo, por el bien de tu equilibrio mental. Después, los chiquillos van creciendo, y se alcanza el "tercer grado".


Cosas positivas:


- Sólo una (pero grande): La parte positiva es tremenda, enoooorme y aunque suene a gilipichez, la realidad es que es imposible de explicar con palabras lo que un hijo te dá y por mucho que alguien te lo intente explicar, tu mente nunca alcanzará las dimensiones que realmente tiene. El amor crece día a día (ojo, pero no aparece desde el primer día por mucho que las famosas lo quieran demostrar) y llega lejos..muy lejos. Un hijo te llena un vacío imaginario, pero ese vacío no eres consciente de tenerlo hasta que algo lo llena. Una vez lleno echas la vista atrás y te das cuenta de ello. Sin ninguna duda, una gran experiencia que si puedes, debes vivirla y si no puedes no te lamentes que, seguro, otras cosas ofrecerá la vida que para tí signifiquen algo muy grande.


Resumiendo, que si tienes hijos está muy bien, que si no los tienes también está muy bien y que lo importante es que seas feliz y estés de acuerdo con la circunstancia que te toca vivir, conformándote con lo que tienes y sin preocuparte si al final no tienes lo que deseas, que sea lo que sea, es necesario buscar siempre el lado positivo.

Recordad mi lema: POSITIVIDAD !!!

martes, 27 de enero de 2009

Cuatro



Madre mía!!!. El número de posts escritos durante los últimos días en este blog es bastante escaso y eso me hace sentir un poco mal. Viene a ser, me imagino, como aquel que hace deporte de una manera regular y de pronto, por causas ajenas a su voluntad, no puede hacer el deporte al ritmo que a él le gustaría. Así me siento yo estos días pero confío en que todo se vaya volviendo normal y rutinario desde este mismo momento.



Hablando de deporte, no se puede decir que yo sea un enviado de los dioses ni mucho menos. Siempre fui bastante mediocre en todo lo que practiqué. Desde el hockey hierba donde era más malo que la droga hasta el pádel donde, como ya os dije alguna vez, apenas gané un partido. En fútbol nadie me quería en su equipo y cuando voy a correr mi cabecilla empieza a pensar si estaré corriendo demasiado y paro no vaya a ser que me de un yuyu en mitad de la pradera, pero no era de esto de lo que quería hablar.



Cambio de tema: Hoy es el cumpleaños de mi hija y aunque no suelo escribir cosas demasiado personales creo que la ocasión merece la pena. Lo que supone y conlleva tener una hija (o un hijo) es algo que es imposible de explicar a alguien que, por los motivos que sean y que respeto al cien por cien, no ha tenido esa oportunidad, pero quien tenga un hijo sabrá de qué le estoy hablando. Inicialmente a todos nos venden la moto de que es algo maravilloso y que le quieres desde el primer momento que lo ves y bla, bla, bla. En este punto discrepo y sospecho que discrepa un 98% de la población. El amor a un hijo se va trabajando día a día y cada día aumenta, llegando a límites desconocidos e insospechados. Los comienzos son algo desconcertantes teniendo gran culpa de esto esas famosillas de poca monta que salen en el Hola con su hijo en brazos y declarando lo maravilloso que fue todo y que le quiere desde que lo engendró (en estos momentos meto los dedos índice y corazón en mi boca a la vez que saco mi lengua haciendo un gesto que todos conocemos), pero una vez pasado este periodo, que no dura mucho tiempo, la recompensa recibida es bestial, pero insisto, imposible de explicar con palabras. Algo increible.


Cuando nació ella y una vez superado ese estrés inicial se me ocurrió definir esa sensación con una frase que reproduzco y que cada uno piense si le ocurrió lo mismo o no: "Mi hija lleno dentro de mi un vacío que no sabía que yo tenía y del que no era consciente".

Pues cuatro añazos que cumplió hoy la criatura y por los que quiero agradecer a todo el mundo que hoy la llamó, que le hizo algún regalo, que le dieron muestras de un inmenso cariño. A todos los que tuvieron presente que hoy, para ella, era un día muuuuuy importante.



Gracias mil y como diría mi madre: "De hoy en un año...".