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domingo, 6 de diciembre de 2009

De vagos y pasteleros.


En este mundo hay personajes que por el simple hecho de ser jefes o dueños de sus negocios hacen lo que les da la puñetera gana y no siempre con resultados buenos. Los hay que se instalan en una especie de endiosamiento virtual desde el que ellos creen que pueden controlar todo a su antojo y hacer cualquier cosa sin pensar en las consecuencias.

Y digo esto porque ayer vi una imagen que no me gustó nada de nada. Pasaba yo delante de una conocida sidrería de la ciudad y que puede que sea una de las más caras y más "justas". Era ya la hora de cerrar y mientras estaban los camareros fregando el suelo y limpiando las mesas, el dueño, que es un chico joven que acaba de heredar el negocio estaba sentado en medio del local en una silla y con las piernas en alto y apoyadas sobre otra silla mientras leía un diario deportivo. La imagen era vergonzosa, él no movía un dedo salvo para pasar de página y sólo le faltaba un látigo de varias puntas para que sus empleados no tuviesen tentaciones de escaquearse de su trabajo. Cada cual que saque sus conclusiones.

Y otra más: En cierta pastelería gijonesa, hace un tiempo, acudió una persona a comprar unos pasteles para llevar a casa. Al llegar, esta persona le pidió, siempre por favor, los pasteles a un chico que allí trabajaba y que estaba tras el mostrador, pero rápidamente la interrumpió para aclararle que él (no sé si ponerlo en mayúsculas) era el MAESTRO PASTELERO (concretamente creo que dijo "¿Es que usted no ve que yo soy el Maestro Pastelero?"). Poooor favor, pero que sacrilegio dirigir la palabra al MAESTRO. Que osadía la de mi amiga!!!.

A ver si adivináis los nombres de estos dos establecimientos. Se admiten apuestas.