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martes, 16 de marzo de 2010

Arrepentimiento (16 de marzo)


Cuando eres joven te crees el rey del mundo, piensas que eres lo más y que sólo tus actos son los válidos, pero muchas veces, más de las que creemos, no es así. A continuación voy a "confesar" una pequeña antología de cosas que hice cuando era joven y que nunca jamás volvería a hacer:



  • Ir a trabajar de doblete: No me siento orgulloso por ello sino más bien avergonzado. No lo repetiría nunca porque lo recuerdo como una de las experiencias físicas más duras de mi vida. Por suerte, de aquello, ya pasaron muuuchos años y ya nadie lo recuerda, salvo yo mismo. Supongo que algún lector de este blog habrá pasado por esa experiencia y estará conmigo en que es terrible y que nunca más se repetirá.



  • Conducir un coche ajeno: Esta confesión no tendría nada grave sino fuese porque en el momento en el que lo hice no tenía carnet y no tenía ni puñetera idea de conducir, por lo que no pude llegar muy lejos. Tampoco pude avanzar mucho más ante la presencia de dos policías que, aún no se porqué, nos dejaron marchar como si no hubiese pasado nada. En aquella aventura me acompañaba ese "amigo" del que alguna vez os hablé y que nos invitó a su casa de Pamplona para dormir en una banqueta de la cocina. Esa compañía hace que aquella experiencia sea aún más penosa todavía.



  • Nadar playa adentro: Parece un ejercicio muy sano, pero sólo para ese experto nadador que yo, y todos lo sabéis, no soy. Una total irresponsabilidad por mi parte que casi hace que hoy no esté aquí escribiendo este blog. Ocurrió en una playa muy famosa del norte de España donde el menda lerenda tuvo la feliz idea de intentar alcanzar a nado una especie de plataforma que estaba a unos cincuenta metros de la orilla. Por suerte, cuando llevaba unos cinco metros me dio una especie de mareo que me hizo volver de inmediato a la orilla donde ya me recuperé. ¿Pero quién me pensaba que era yo para intentar hacer esa machada?. Aquel día si que tuve buena suerte.

Esto sólo son tres muestras de cosas que hice y de las que me arrepiento. No pretendo que sean graciosas porque me parecen las tres bastante irresponsables por mi parte, aunque por cada cosa que hice mal en mi juventud hay cien de las que estoy orgulloso y que sí volvería a repetir una y mil veces. Son las cosas buenas que no podría resumir en un post pero que las tengo muy presente en mi cabeza, entre neurona y neurona.

jueves, 22 de octubre de 2009

Lección de Baile

Esta mañana, de la que iba a trabajar, escuché en la radio del coche la canción con la que él que esto os escribe debutó en las pistas de baile de las discotecas locales (en estos momentos ya me estoy poniendo colorao).

Fué hace muchos años y me acuerdo que la canción me apasionaba. Yo empezaba a ir a El Jardín (Discoteca de Gijón que todavía hoy existe y por la que, creo, todo el mundo que nació aquí ha pasado) pero la verdad es que de bailar más bien poco. Era una edad difícil, no sabías si eras pequeño o mayor, mi cuerpo era presidido por una cara con acné, de mi boca salía una voz gruesa reciente y en mi mente había ganas de todo, muchas ganas.

Yo estaba por la pista, pero la timidez que aún hoy mantengo me impedía moverme con la soltura que yo quisiera cuando, de pronto, sin casi darme cuenta me ví allí bailando como un poseso esta canción (con mis amigos). Después vendrían más y más, pero recuerdo bien aquel día y aquella canción. Madre mía que MAL bailaba (y bailo, como todos los tíos).

Eran movimientos que nada tenían que ver con la melodía, totalmente descompasados y sin ninguna gracia ni delicadeza (Es imposible ponerse más colorao de lo que ahora estoy. De hecho ya estoy amoratao).

Más tarde, reflexionando sobre todo esto me puse a pensar cuánto tiempo hace que no bailo y soy incapaz de recordarlo, señal de que hace mucho, muchísimo tiempo que no lo hago, salvo en las bodas que tampoco abundan últimamente.

Así que a ver si alguien se anima y me saca a bailar, que tengo ganas.

Ahí os dejo la canción: