
Dentro de mi serie de posts titulados "Tiendinas de Hace Años" veo necesario detenerse en las confiterías, en los dulces y en los croissants que antaño nos podía ofrecer la ciudad. Para empezar me vais a permitir que nos dejemos de pijaditas y en vez de utilizar la palabra francófona croissant utilizaremos el "curasán" de toda la vida, más propio del barrio alto. Algo más nuestro, más de aquí.
La primera confitería que me llega a la cabeza es Alonso, en la calle Menéndez Valdés. Abierta hasta no hace demasiados años despachaba, sin ninguna duda, los mejores curasanes de Gijón, Asturias, España e incluso Francia. Eran como comer una nube del cielo, una maravilla, y la pena fué que no me enteré a tiempo de su cierre, porque me hubiese comprado todas las existencias para mantenerlos congelados como quien tiene los mejores vinos en su bodega y los bebe en las grandes ocasiones.
Otro clásico era Eliana, en los Jardines de la Reina con especialidades tan exquisitas como las lenguas (de tamaño aeropuerto) y los esponjados, además de su riquísima bollería.
Aunque la confitería que marcó mi infancia y por lo tanto mi vida fué San Antonio en la calle del mismo nombre. La especialidad de este local que con los años se trasladó al barrio del Llano era, por encima de su bollería y pastelería los BOLLOS DE PASCUA. Lo pongo en mayúsculas porque siempre hacían algo espectacular para la fecha. Si no era una réplica a tamaño casi real de El Molinón, era una Basílica de Covadonga descomunal de chocolate o un Quini rematando un balón de metro y medio de altura. Allí nos quedábamos los niños pegados a las cristaleras y deseando que nuestros padrinos se decidiesen a regalarnos aquellos monumentos (algo que, aprovecho para decir, nunca sucedió al escritor de este blog).
En la parte negativa no hay que olvidarse de El Molino, en Marqués de San Esteban con pasteles de esos que no te pasan por la garganto por mucho que lo intentes ni de Serma, por otro motivos algo más luctuosos que tienen que ver con una cuerda y un señor colgando en sus cocinas (¿fantasía o realidad?).
Por suerte, en la actualidad aún podemos disfrutar de alguna delicia y me atrevo a recomendaros de una manera muy encarecida que cuando paséis por delante de la Confitería La Playa, en la Calle Corrida frente a McDonalds, entréis a comprar un curasán y lo vayáis comiendo por la calle. Os garantizo un sabor que hace muuuucho tiempo que no tenéis en vuestros paladares. Haced la prueba.
Por cierto, ¿Alguien pudo probar mis galletas de mantequilla????. esas si que están ricas, mecagontal!!!


