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lunes, 18 de mayo de 2009

Curasanes y Mojís (Tiendinas de hace años)


Dentro de mi serie de posts titulados "Tiendinas de Hace Años" veo necesario detenerse en las confiterías, en los dulces y en los croissants que antaño nos podía ofrecer la ciudad. Para empezar me vais a permitir que nos dejemos de pijaditas y en vez de utilizar la palabra francófona croissant utilizaremos el "curasán" de toda la vida, más propio del barrio alto. Algo más nuestro, más de aquí.


La primera confitería que me llega a la cabeza es Alonso, en la calle Menéndez Valdés. Abierta hasta no hace demasiados años despachaba, sin ninguna duda, los mejores curasanes de Gijón, Asturias, España e incluso Francia. Eran como comer una nube del cielo, una maravilla, y la pena fué que no me enteré a tiempo de su cierre, porque me hubiese comprado todas las existencias para mantenerlos congelados como quien tiene los mejores vinos en su bodega y los bebe en las grandes ocasiones.


Otro clásico era Eliana, en los Jardines de la Reina con especialidades tan exquisitas como las lenguas (de tamaño aeropuerto) y los esponjados, además de su riquísima bollería.


Aunque la confitería que marcó mi infancia y por lo tanto mi vida fué San Antonio en la calle del mismo nombre. La especialidad de este local que con los años se trasladó al barrio del Llano era, por encima de su bollería y pastelería los BOLLOS DE PASCUA. Lo pongo en mayúsculas porque siempre hacían algo espectacular para la fecha. Si no era una réplica a tamaño casi real de El Molinón, era una Basílica de Covadonga descomunal de chocolate o un Quini rematando un balón de metro y medio de altura. Allí nos quedábamos los niños pegados a las cristaleras y deseando que nuestros padrinos se decidiesen a regalarnos aquellos monumentos (algo que, aprovecho para decir, nunca sucedió al escritor de este blog).


En la parte negativa no hay que olvidarse de El Molino, en Marqués de San Esteban con pasteles de esos que no te pasan por la garganto por mucho que lo intentes ni de Serma, por otro motivos algo más luctuosos que tienen que ver con una cuerda y un señor colgando en sus cocinas (¿fantasía o realidad?).


Por suerte, en la actualidad aún podemos disfrutar de alguna delicia y me atrevo a recomendaros de una manera muy encarecida que cuando paséis por delante de la Confitería La Playa, en la Calle Corrida frente a McDonalds, entréis a comprar un curasán y lo vayáis comiendo por la calle. Os garantizo un sabor que hace muuuucho tiempo que no tenéis en vuestros paladares. Haced la prueba.


Por cierto, ¿Alguien pudo probar mis galletas de mantequilla????. esas si que están ricas, mecagontal!!!

martes, 10 de marzo de 2009

Tiendinas de hace años II


Siguiendo la estela de un post homónimo a este y publicado hace ya cuatro meses, hoy voy a recordar una serie de establecimientos comerciales gijoneses que, en mi vida, destacaron por una u otra razón y aún a riesgo que uno de mis diarios seguidores me recuerde el carácter extremadamente local de este blog. Ahí voy:


Discoteca: Era una tienda de discos situada en la calle San Bernardo que la crisis de la piratería se llevó por delante. En esta tienda, por cada compra que hacías te regalaban "bonos" para poder canjear en futuras compras. Por ejemplo: 10 bonos = 1 single. Tenían una especie de teléfonos por donde podías escuchar el disco elegido. Allí me compré yo, entre otros muchos, el single de un grupo que se llamaba Brighton 64 cuyo éxito se titulaba "La Casa de la Bomba".


Oscarín: Tienda situada en la calle Menéndez Valdés en la que podías encontrar absolutamente de todo aunque lo que siempre llamó mi atención era la jaula de grillos que tenía en el escaparate. Lo mismo comprabas un pitorro para la olla exprés que un flotador. Junto a él trabajaba, codo a codo, el doble de Gadafi.


El Machetazo: Establecimiento textil de baja calidad situado frente al anterior. Lo nombro porque nunca podré olvidar unos pantalones de franela rosácea que me compraron cuando era pequeño. Aquellos pantalones eran para nadar por casa, pero...los sigo recordando.


Fotolena: Especializada, como suponéis, en fotografía y situada en la esquina de Tomás Zarracina con la antigua Enrique Cangas tenía como costumbre exponer en sus escaparates las fotos de los acontecimientos de la ciudad (Cabalgatas de Reyes, Desfiles, Fiestas, etc.). Hoy lo sustituye una zapatería.


Botas: Grandes almacenes a la antigua usanza situados donde hoy está Zara en la calle de Los Moros y Día en la calle Begoña. De paso obligado cuando se acercaba la navidad por su enorme exposición de juguetes. No recuerdo qué otras cosas vendía porque sólo tenía ojos para la industria juguetera.


Confitería Serma: En la calle Libertad se hizo inicialmente famosa por sus tortitas con nata y caramelo y posteriormente volvió a hacerse famosa, esta vez tristemente, por aparece ahorcado su dueño en la trastienda de la misma. Desde entonces ya nada supo igual.


De nuevo pido disculpas por el localismo de este post, pero de vez en cuando uno necesita echar la vista atrás y recordar. Seguiré...

martes, 11 de noviembre de 2008

Tiendinas de hace años


Este post surge a raiz del cierre de Salat, una de la típicas tiendas de Gijón de toda la vida y si no la última, de las pocas que ya quedan de ese peculiar estilo.

Vaya por delante que a pesar de haber vivido relativamente cerca y haber pasado por su puerta 257.314 veces, nunca entré, o al menos, nunca entré siendo consciente.

Pero si me surgen los recuerdos de esas tiendinas de siempre que daba gusto comprar en ellas y que las atendia un venerable señor vestido con una bata azul o una entrañable señora enmandilada con flores. Recuerdo la Frutería Juanita, camino de la playa (un poco más allá de Salat), donde siempre compraba unos melocotoninos y paraguayos muy ricos pa pasar la fame de las olas. Recuerdo la Peluquería Fuertes (Strong's) en la calle Instituto, donde me daban un chicle de cheiw de 2 pesetas cada vez que cortaba mi tupida cabellera. Eso si, cada vez que iba subían el precio cinco duros, con lo que, de seguir yendo y estar abierta, calculo yo que el corte andaría ahora por los 3 millones de €uros. No me olvido tampoco de "Los Calmosos", que así los llamábamos en mi casa porque si pedías una docena de huevos, cuando te la traían ya eran gallinas bien creciditas (ahora espero que no esté leyendo esto ningún familiar de Los Calmosos, porque ya era lo que me faltaba). Estaban en la calle Felipe Menéndez, al lado del Garby, cafetería que resistía milagrosamente el paso de los años aunque sólo tenía 3 clientes a lo largo de la semana. Eso si, tenía máquina de petacos de 3 partidas a 5 duros.
Mítica también era "La Argentina" con varias sedes (la más conocida donde está ahora Coalla Gourmet, en Munuza). Tampoco hace demasiado tiempo que cerró, tenía mucha calidad y vendían cocacolas de medio litro en envase de cristal, igual que una tienda que había en la Calle Instituto, llegando al Parchís y cuyo nombre no recuerdo. Aquella tienda era otro clásico, como Oscarín en la calle Menéndez Valdés, que lo mismo te vendía una jaula para grillos que cuerda para una cortina o la Juguetería Navarro, en la calle Corrida, donde todas las navidades ponían un buzón real y un piso entero de juguetes.

Y menudos bocadillos de mortadela que me zampaba yo en Comestibles Meana, en La Acerona, al salir del cole y antes de coger la bicicleta para dar vueltas al Kiosco Alfredo.

Pero no todo era bueno, porque estaba el SPAR de la calle Instituto con un ratonín en el escaparate campando a sus anchas o el Kiosco de la Calle San Antonio que creo que se llamaba "Fantasía. Precios Mini" con algún ser vivo en su interior o el de la calle de los Moros que mexiaba en los botes de cristal de las aceitunas (no es coña, lo juro).
En lo que se refiere a bares, siempre me acordaré de "El Mecheru", muy cerca de Begoña, con unos calamares riquísimos y no me olvido de "El Fomentín" y sus exquisitas albóndigas de bonito.
Seguro que me dejo un ciento de ellos en mi memoria, pero que rato más agradable acabo de pasar recordando estas cosas. Si me acuerdo de más y mis 17 neuronas me lo permiten, haré otro post.