Mostrando entradas con la etiqueta Verano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Verano. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de agosto de 2010

Mi generación según los helados


Voy a hacer un recorrido mental y escrito a través de los helados más populares de los años en los que era un mozalbete sin pelos en la espalda. Seguro que coincidimos en más de uno. ahí voy:

  • Frigodedo: De Frigo, como su nombre indica y con forma de mano izquierda con el dedo índice apuntando al cielo. Su sabor original era de fresa y lo suyo era chupar el dedo absorviendo el líquido rojo hasta que el dedo se quedase de color blanco/hielo. Helado de gran éxito entre los míos y que todavía hoy se sigue vendiendo en versión revival.
  • Frigopié: También de Frigo y que se comercializó como continuación del éxito obtenido por el anterior. Tengo entendido que a un comercial de frigo se le ocurrió hacer una serie de helados anatómicos y que incluso presentó otros bocetos en un brain-storming de la casa (frigoreja, frigopiños y frigopelo) hasta que alguien con más visión comercial le dijo que se tomase unas vacaciones y que ya le llamarían para su reincorporación. Este helado no era de hielo, era cremoso y también con sabor a fresa. Lo mejor era comer el dedo gordo...
  • Frigurón: A ver quién adivina de que casa era. Tenía forma de tiburón, era de color grisáceo y sabía a.....no sé, pero era rico y refrescante. Sospecho que ya no se comercializa. También era de los que le chupabas la cabeza al tiburón, como si de una gamba se tratase y hasta que no le quedaba nada dentro. Muy típico ese sonido que se emitía al absorver: "Pfrssssssssssssss".
  • Drácula: Este era y es de los más clásicos y de los más apreciados. Es negro por fuera y rojo por dentro con una pequeña base de vainilla. Cada vez los hacen más pequeños, pero se sigue apreciando perfectamente su sabor a.....decían cola pero la cola uqe yo conozco no sabe a eso, ¿verdad?. De este helado hay versiones de Carrefour y de Mercadona y no desmerecen. De verdad.
  • Colajet: Ahora se oyen voces internas que dicen "es verdaaaaad". Este era de Camy y su campaña promocional consistía en que en el palo había premio y podía tocarte otro y otro y otro. Cuentan que más de uno se pasó la tarde entera comiendo Colajets a costa de los premios del palo. Era de hielo entero excepto el capuchón que era de chocolate. Tenía forma de cohete y sabor de cola y de limón. Que levante la mano el/la que nunca haya comido uno.
  • Torpedo: Este era de Alacant, una marca de calidad pero que entonces era algo tristona. Consistía en un vasito de forma cónica con una bola de chicle en el fondo. Creo recordar que era de vainilla y lo comías con una minicucharita de plástico hasta que llegabas al fondo. Una vez ahí, te llevabas el cono a la boca y a comer la bola de chicle. Si intentabas sacar la bola de chicle con la cucharita corrías el serio peligro de hacer el "efecto palanca" y que la bolita saltase hasta lugares inalcanzables, perdiéndote el placer de saborear ese chicle que, entre nosotros, era malo, malo de solemnidad.
Y tampoco podemos olvidarnos de los Flash ni de los morenitos congelados ni de los polos de hielo de toda la vida ni de los vasitos o el corte de tres gustos....

martes, 17 de agosto de 2010

Habrá que ir pensando en marchar...

En las últimas horas están ocurriendo una serie de cosas que no me gustan un pelo. La luz del día, aunque parezca una tontería, ya no es la misma. Es muy parecida, pero no igual y es como cuando un pintor intenta copiar el color de una pared pero no es capaz de conseguirlo por mucho que se acerca.

Tampoco es igual la cara de las personas. Hace pocas semanas se notaba mejor la expresión de alegría en los rostros, pero esa expresión se va marchitando y derivando, poco a poco, hacia una expresión que no expresa nada y que es el paso previo a la melancolía que tantos disgustos nos da.

Incluso esas sensaciones bochornosas de calor se van yendo, buscando ya otros destinos y otros destinatarios, dando paso a otro calor, que es calor, pero ni parecido, que calienta pero que no calienta, que si pero que no.

Y es que inevitablemente el verano se nos va. En menos de quince días llegaremos a septiembre y ya miraremos hacia atrás en vez de hacia adelante para alegrarnos y hacia adelante en vez de hacia atrás para entristecernos, empezaremos a pensar en los meses de rutina inevitable que nos quedan por delante para volver a vivir algo parecido a lo vivido en los últimos meses y, como ocurre en diciembre, haremos propósitos para la nueva temporada y desearemos que todo sea igual o mejor que la pasada campaña. Me da pena, porque adoro el verano, porque el calor me hace sonreír y porque me gusta mucho, muchísimo la luz y la luz que nos da el verano es especialmente luminosa.

Quizás lo más inteligente ahora sea rendirse, hacer lo que el otoño y el invierno tengan a bien y esperar agazapados el momento, porque en unos siete u ocho meses tendremos nuestro momento para reconquistar la luz, el calor y, por fin, volveremos a disfrutar de todo esto que tanto nos gusta. Y que nadie olvide que hoy es 17 de agosto y aunque este post sea tirando hacia abajo, seguro que el verano nos dará todavía alguna alegría más.... Tiempo al tiempo.


sábado, 29 de agosto de 2009

Verano Finito

Esto ya no tiene marcha atrás y es que cada vez recibimos más señales del final del verano, por desgracia, para el que está escribiendo esto.

La luz ya no es la misma. Es parecida...pero no es igual. La luminosidad va perdiendo enteros y los días son más cortos. Mucho más cortos. La temperatura sigue siendo alta, pero no tan alta y con este vientecillo la sensación térmica desciende notablemente.

En lo comercial ya se empiezan a ver escaparates con ropa otoñal, librerías cargadas de material escolar, zapaterías con tonalidades oscuras, mangas largas en las camiserías.

Sinceramente, no lo llevo nada bien y hay dos cosas que me van a matar definitivamente con la llegada del frío. Por un lado tendré que desterrar al cómodo y fresco calzado que me acompañó durante todos los días de este verano y por otro tendré que volver a la camisa, esa prenda que no cato desde principios de Junio.

Sirva este texto para deprimir aún más, si cabe, a todas aquellas personas (muchos lectores de este blog) que empiezan a trabajar este lunes o este martes tras unas largas vacaciones y para rematar la faena y deprimiros de verdad os dejo un vídeo que os va a dejar completamente hechos polvo...





Con este panorama no me extraña en absoluto que el bueno de Pancho se haya refugiado donde lo hizo y haya acabado como acabó.

jueves, 2 de julio de 2009

Chorrada nambergüan

Hacía tiempo que te conocía. Sabía de tí a través de las muchísimas personas que me habían comentado tu existencia y poco a poco te fuí viendo por toda la ciudad. Hoy aquí, mañana allí...

Yo, en un principio y sin saber porqué, me resistía a conocerte. No quería ver esas bondades de las que tanto hablaban los que te conocían y cada vez que me acercaba a tí me obligaba a ver sólo lo negativo para no caer en tus redes cada vez más poderosas.

Pero estaba claro que no podría engañarme de esa manera a mi mismo durante mucho tiempo más, que acabaría rindiéndome a tus bondades y que si tanta gente te adoraba no era por casualidad.

Y es que no sé, querido Mercadona, que la verdad es que algo tienes y no sé muy bien decir qué es.


Os regalo este anuncio de una cerveza. La canción merece la pena y el anuncio es puro verano.

lunes, 30 de marzo de 2009

Pre-verano



Parece que fué ayer cuando, a través de este mismo blog, me quejaba amargamente de lo que me venía por delante tras el cambio horario que nos hace pasar de golpe del verano al crudo invierno y hoy me veo en la misma situación, pero al revés, con más luz, más calor (poco más), más planes de cara al futuro, más optimismo porque es inminitente la llegada de la época que más me gusta del año: el pre-verano.




El pre-verano, como su propio nombre indica, se refiere a esa época en la que la temperatura empieza a subir, las terrazas comienzan a surgir espontáneamente por las calles, las mangas se van acortando poco a poco y las conversaciones se van centrando más en planes estivales que en rutinas invernales a la vez que las pieles empiezan a tostarse




En el pre-verano se celebran las comuniones. Todas las comuniones, y no se por qué, se celebran en Mayo. Todas...menos la mía, que la celebré en la intimidad familiar a mediados de agosto en una pequeñita capilla (la del Sanatorio Marítimo) y luego la festejamos en la Cafetería Auseva, que tenía un salón muy coquetuelo para este tipo de eventos en la planta baja de su local del Paseo de Begoña. Yo, por inmensa suerte, iba vestido normal (sin galones ni medallas) y portaba orgulloso mi más preciado torfeo de aquel día: Un llaverito que era un bote de Colón en miniatura que para darle más credibilidad rellené de detergente que encontré por casa.




Pero merece especial atención pararse a recordar esos regalos que se suelen dar en esas fechas señaladas y que, francamente, no hay por donde pillarlos. Me refiero a toda esa serie de productos nacarados mezclados con letras doradas que salen a relucir en estos días. Esos díarios forrados en una telilla brillante que si les pasas la uña hacen un sonido así como "rrrikki rrrikkii, fris fris", esos recordatorios en los que sale el protagonista en cuestión mirando al cielo y con un fondo nebuloso y, como no, ese boligrafo plateado que llevaba un reloj digital incorporado con un botoncillo al que si pulsabas una vez te reflejaba la fecha y si lo pulsabas una segunda vez te mostraba los segundos. Una maravilla de la técnica con utilidad sin límites y que iba metido en un estuche también forrado con esa telilla de "fris, fris" de la que antes hablamos.


Y es que, ¿A quién se le ocurriría por primera vez la utilización del nácar como producto regalable?. En fin...a disfrutar del pre-verano!!!!

domingo, 26 de octubre de 2008

Cambio de hora




Esta madrugada se cambió la hora, lo que para mí significa el final definitivo del verano. Da igual que hoy haga un sol de espatarrar o que vayamos de manga corta. La realidad es que en torno a las siete de la tarde será de noche cerrada y eso unido a la pequeña depresión de ser domingo, pues ya me lleva a un estado anímico tristón y alicaido.

Lo del cambio horario lo recuerdo diferente según la edad que tenía. Cuando era pequeño el cambio de hora era un cambio (redundancia) y como tal, una sorpresa. También recuerdo que todos los años decían que ese año sería el último en el que se cambiaría la hora y bla, bla, bla. ¿Alguien me puede confirmar si eso se decía hace años o es fruto de mi fantasía neuronal cada vez más traviesa?. También me ocurre eso cada vez que hay un eclipse. Siempre oigo decir que será el último que se podrá ver en los próximos 300 años y bla, bla, bla. No sé si seré un Matusalem en potencia, pero ya viví unos cuantos eclipses solares y lunares.

Volviendo al tema: al crecer un poquito más, el cambio de hora significaba una hora mas de sueño y solía ser bien aprovechada. Si nos mandaban dormir una hora más, pues hacíamos el esfuerzo y la dormíamos. Faltaría mas.

Más tarde, en la primera juventud, cuando la noche es el habitat natural y el día prácticamente no existe, el cambio de hora era la excusa perfecta para salir una hora mas!!!!. También se aprovechaba. Lo curioso era que en el cambio de hora de marzo, cuando tocaba salir una hora menos, nos hacíamos los suecos, que de esto sabén un montón.

Pero cuando tienes hijos pequeños el cambio de hora sólo significa que tus hijos, que todavía no entienden de relojes y horarios, se despertarán a la hora habitual sin tener en cuenta que son las 6, las 7 o las mil. (en mi caso concreto, me quedo con la primera opción).

Y así estoy yo a las 8 de la mañana (tras las tareas habituales domingueras) escribiendo este post, escuchando a los Stone Roses (que hacía años que no escuchaba) y deseando que llegue el último fin de semana de marzo para que cambien de nuevo la hora y comience extraoficialmente el deseado verano.