
Podéis dejarme en mitad de un desierto sin una gota de agua, podéis colgarme de la rama de un árbol desnudo boca abajo durante 15 días y 15 noches, podéis atiborrarme de tortilla de patata con triple ración de cebolla e incluso podéis llevarme a ver un concierto de Fran Perea acompañado por los Santa Justa Klan, pero por favor os pido que nunca nadie me vuelva a llevar al circo, al menos al que me tocó ir hoy.
Ya iba yo de mala gana porque, para mi, el circo no es circo desde que, hace algunos años, me desilusionó comprobar que Orzowei, ese mito viviente al que iba admirar con toda la ilusión de este mundo, también se dedicaba a vender números de una rifa, entradas en la taquilla y sabía domar felinos. Desde entonces no había vuelto a pisar una pista circense ni ganas que tenía, pero hoy me vi obligado por cuestiones filiales.
Y es que, además, barato lo que se dice barato no era. Puedo garantizar y garantizo que pagué menos dinero por ver en directo a los Rolling Stones que por ver a un descolorido y grisáceo Bob Esponja.
Todo esto me da pena y me da pena porque estos circos que circulan por medio mundo y que de vez en cuando aterrizan por las pequeñas ciudades nada tienen que ver con los verdaderos espectáculos que aún existen (pocos) y en cierto modo desprestigian a la profesión, ya desprestigiada de antemano, cuando no debería ser así.
Hace pocos días leía un artículo sobre la figura de Ángel Cristo y en ese artículo se hablaba del domador y de la persona previa a esa vida de colorín que le tocó vivir junto a Bárbara Rey. Se podía comprobar perfectamente que, no hace tantos años, el circo si era el mayor espectáculo del mundo y que Ángel Cristo era uno de sus grandes valores. A uno de esos circos si volvería, pero nunca, a una imitación como la de esta tarde.
Que sopor....
Ya iba yo de mala gana porque, para mi, el circo no es circo desde que, hace algunos años, me desilusionó comprobar que Orzowei, ese mito viviente al que iba admirar con toda la ilusión de este mundo, también se dedicaba a vender números de una rifa, entradas en la taquilla y sabía domar felinos. Desde entonces no había vuelto a pisar una pista circense ni ganas que tenía, pero hoy me vi obligado por cuestiones filiales.
Y es que, además, barato lo que se dice barato no era. Puedo garantizar y garantizo que pagué menos dinero por ver en directo a los Rolling Stones que por ver a un descolorido y grisáceo Bob Esponja.
Todo esto me da pena y me da pena porque estos circos que circulan por medio mundo y que de vez en cuando aterrizan por las pequeñas ciudades nada tienen que ver con los verdaderos espectáculos que aún existen (pocos) y en cierto modo desprestigian a la profesión, ya desprestigiada de antemano, cuando no debería ser así.
Hace pocos días leía un artículo sobre la figura de Ángel Cristo y en ese artículo se hablaba del domador y de la persona previa a esa vida de colorín que le tocó vivir junto a Bárbara Rey. Se podía comprobar perfectamente que, no hace tantos años, el circo si era el mayor espectáculo del mundo y que Ángel Cristo era uno de sus grandes valores. A uno de esos circos si volvería, pero nunca, a una imitación como la de esta tarde.
Que sopor....
