
Tengo cada vez más claro que a aquellos profesionales que se dedican a hacer estudios estadísticos para que alguien los publique los metería en un barco a la deriva en medio del Cantábrico y con un par de bocadillos de salchichón del barato. Si no me pongo a leer esta mañana el periódico y me encuentro con la noticia (el supernotición diría yo) de que según el estudio realizado por alguna asociación que desconozco los asturianos, los fines de semana, dormimos dos horas más que el resto de la semana y dedicamos 21 minutos a desayunar, cuando de lunes a viernes lo hacemos en 12.
Perdonadme pero antes de analizar la noticia en sí, tengo que gritar a los cuatro vientos que no entiendo este tipo de estudios, que no entiendo a quién le pueden servir o les va a hacer la vida más fácil (salvo a algún bloguero perdido que lo utilice para hacer un post) y que entiendo mucho menos que un medio de comunicación le dedique un espacio por pequeño que sea. No lo entiendo.
Dicho esto, confieso que yo no soy uno de los encuestados, porque si me llegan a preguntar a mi les rompo todos los esquemas. Gracias a mis hijos y a su fantástico relojillo interno, los fines de semana duermo menos, mucho menos. Los angelicales se duermen (que no es lo mismo que se acuestan) como 1 o 2 horas más tarde y cuando podrían dormir toda la mañana porque nadie les va a exigir nada pues van y se despiertan sin piedad, como mínimo, una hora de media más temprano que en un día laborable destrozando de ese modo la poca paz interna que pudieran tener sus adorados padres. Y de desayuno, para qué hablar...
Y así un día tras otro, un fin de semana tras otro, un mes tras otro, un año tras otro. No se si habrá suficiente barco para meter a los estadísticos, a los periodistas que les dan cancha y a alguno más para el que aprovecharía el viaje...
