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sábado, 13 de noviembre de 2010

Angelillos míos....


Tengo cada vez más claro que a aquellos profesionales que se dedican a hacer estudios estadísticos para que alguien los publique los metería en un barco a la deriva en medio del Cantábrico y con un par de bocadillos de salchichón del barato. Si no me pongo a leer esta mañana el periódico y me encuentro con la noticia (el supernotición diría yo) de que según el estudio realizado por alguna asociación que desconozco los asturianos, los fines de semana, dormimos dos horas más que el resto de la semana y dedicamos 21 minutos a desayunar, cuando de lunes a viernes lo hacemos en 12.


Perdonadme pero antes de analizar la noticia en sí, tengo que gritar a los cuatro vientos que no entiendo este tipo de estudios, que no entiendo a quién le pueden servir o les va a hacer la vida más fácil (salvo a algún bloguero perdido que lo utilice para hacer un post) y que entiendo mucho menos que un medio de comunicación le dedique un espacio por pequeño que sea. No lo entiendo.


Dicho esto, confieso que yo no soy uno de los encuestados, porque si me llegan a preguntar a mi les rompo todos los esquemas. Gracias a mis hijos y a su fantástico relojillo interno, los fines de semana duermo menos, mucho menos. Los angelicales se duermen (que no es lo mismo que se acuestan) como 1 o 2 horas más tarde y cuando podrían dormir toda la mañana porque nadie les va a exigir nada pues van y se despiertan sin piedad, como mínimo, una hora de media más temprano que en un día laborable destrozando de ese modo la poca paz interna que pudieran tener sus adorados padres. Y de desayuno, para qué hablar...


Y así un día tras otro, un fin de semana tras otro, un mes tras otro, un año tras otro. No se si habrá suficiente barco para meter a los estadísticos, a los periodistas que les dan cancha y a alguno más para el que aprovecharía el viaje...

domingo, 13 de diciembre de 2009

Estampas Típicas Navideñas I

Para los que somos padres con hijos en edad escolar, la navidad es una terrible época en la que se nos somete a una de las pruebas más duras del año.

En estos días nos toca recibir una comunicación en la que, sin ningún miramiento, se nos dice de qué deben ir disfrazados nuestros hijos para la función del colegio lo que, para gente como yo, supone una carga de estrés extrema con los riesgos que eso conlleva. Normalmente, el tiempo de ejecución no supera las 72 horas. 24 para asimilar, 24 para discurrir, 12 para acordarse de la familia del que pensó el disfraz, 10 para ponerse nervioso y desperarse y 2 para hacerlo, comprarlo, idearlo, probarlo y encajarlo, generalmente con bronca incluida en el pack.

Digo para gente como yo, porque de sobra sé que hay familias a las que todo esto se les da especialmente bien, que de un trapillo cualquiera te sacan un perfecto vestuario navideño y que con cuatro cosillas te hacen un portal de Belén con mula y buey incluidos. Pero yo soy lo contrario: No tengo buenas ideas, lo peor que hago en el mundo es coser, jamás encuentro disfraces por las tiendas como el resto de los padres y, la verdad, para este tipo de cosas soy bastante malcurioso (sospecho de dónde me puede venir todo esto).

Por suerte, debo decir que escribo este desde la satisfacción de tener ya casi solucionado el problema de este 2009 y que, desde este mismo momento, ya empiezo a trabajar en el mismo problema del 2010.

Os dejo un interesante vídeo relacionado con este tema:


martes, 8 de septiembre de 2009

Paciencia


Llevo unos días sin escribir y, probablemente, la cosa se ralentizará un poquito durante algunos días. La causa no es otra que la del nacimiento de mi segundo hijo.

Los que tenéis hijos ya sabéis que, sobretodo al principio, el caos se apodera de nosotros y nos falta tiempo, mucho tiempo para todo. De ahí que agradezcamos de una manera infinita cualquier ayuda que se nos pueda proporcionar (en este apartado destaco tremendamente la ayuda desinteresada de las abuelas quienes, con su presencia y su sonrisa, nos facilitan la labor de una manera que considero imposible de explicar, dada su magnitud. Y no me olvido tampoco de los amigos).

Los que aún no tenéis hijos os diré que, si algún día los tenéis, prepararos para el caos inicial. Luego se pasa y todo se hace más llevadero hasta límites desconocidos, pero los primeros días....ufffffff.

Llevo varios días en el Hospital y ya me considero uno más de la plantilla. Me conozco todos sus recovecos, todos los horarios, los truquillos fundamentales para la supervivencia (emplazamientos de las máquinas de café y agua), los ascensores menos utilizados, etc.

De estos días allí conseguí llegar a la conclusión que el Hospital es el lugar donde más se mezclan los sentimientos más opuestos y de una manera fortísima. Por un lado están las tristezas (familiares muy malitos e incluso alguna muerte, etc.), por otro lado las preocupaciones (dudas sobre el estado de salud ajeno y propio incluso), las alegrías (resultados positivos para el paciente) y alegrías extremas (nacimientos de niños con la impresionante felicidad para las familias) y es curioso porque, por mucho que lo pienso, no encuentro otro lugar en el mundo donde exista tal mezcolanza de sentimientos y allí no es difícil que se crucen dos personas por un pasillo con estado de ánimo completamente antagónicos. Muy curioso.

Bueno, pues dicho esto os pido paciencia por lo dicho: En los próximos días escribiré de una manera más pausada, pero en ningún caso pararé de hacerlo.


GRACIAS.