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martes, 11 de enero de 2011

Unas palabras para la hostelería...


Yo no sé si ocurrirá en todas las ciudades de España (espero opiniones), pero en Asturias y concretamente en Gijón, el gremio hostelero es para meterlos en un barco y mandarlos una buena temporada a navegar a la deriva por el Indico. Lo tengo observado desde hace mucho tiempo y cada día que pasa voy confirmando un poquito más que la gente que trabaja en los bares nos tratan mal, muy mal hasta el punto de que a veces se confunden las personalidades sin saber muy bien quién es el cliente y quién es el trabajador (esta afirmación, por suerte, no afecta al cien por cien de los trabajadores de la hostelería, pero si a unos cuantos).


El carácter "afable y bonachón" del hostelero gijonés llega a extremos en el que cuando pides una simple cocacola lo haces como con cierto temor por si al camarero le parece bien o mal que le molestes en ese momento de ocio que tiene y que aprovecha para ojear documentales en su enorme televisión de 360 pulgadas. La pides con temor, con miedo a molestar, como si para él fuese un terrible esfuerzo y tú le estuvieses estafando (recordamos que mantienen márgenes de beneficio de un 400 %) y eso no se puede consentir.


Estoy harto de esta gente y estoy harto de que intenten fastidiarme mis pequeños placeres. Estoy harto de tener que aguantar tonterías y tener que callarme. Tonterías como esa copa de cava que se me ocurrió pedir en un bar italiano (yo qué narices sabía que ese bar era italiano) y el dueño (español), perdonándome la vida, me dio algo similar y que encima estaba pasado (sin gas), pero cualquiera le decía algo al simpático. O ese otro al que le pedí un sandwich mixto, pidiéndole por favor que dijese en la cocina que quitasen los bordes del pan y va y me suelta (a través de una camarera, eso si) que lo sentía mucho pero que los bordes o me los quito yo o no se quitan. Con gente así, ¿qué podemos esperar?.


Decidme, queridos míos: ¿Ocurre esto en otros lugares del país???

jueves, 12 de marzo de 2009

Tirón de orejas

Me hago eco de una noticia publicada en un periódico local en la que se denuncia la actitud de 3 jóvenes que marcharon sin pagar una comida de 450 €uros en cierto establecimiento cuyo nombre comienza por "El llagar" y termina por "de Cabueñes", pero no voy a dar más pistas.
Resulta que los jovenzuelos y según factura publicada en la misma noticia se pidieron 8 parrilladas de marisco, además de un chuletón y regado con 3 botellas de sidra y dos de vino. A los cafés no estaban invitados.
Y con estos datos me hago una serie de reflexiones:
- ¿Dónde está ese camarero honrado y servicial que hace grande a la hostelería y que te dice que lo que pides igual es mucho y que mejor pidas un poco menos y si luego tienes hambre ya pedirás más?
- ¿Desde cuando es posible que 8 parrilladas de marisco para 3 personas sean regadas con la ridícula cantidad de 3 botellas de sidra?.
- ¿Volverías a un restaurante en el que te gastas más de 400 €uros en una comida y no son capaces de invitarte ni al café?.
Con todo esto quiero dar un pequeño tironcillo de orejas a algunos hosteleros que son incapaces de tener un detalle con sus clientes y que también son incapaces de mantener a un camarero más de 3 meses y todo por ganar un poco más de lo muchísimo que ganan ya con márgenes de beneficio superiores al cien por cien.
Es que me cabreo!!!
PD: Y los chavaletes que paguen por ello, que hay que ser más responsable en esta vida.

domingo, 15 de febrero de 2009

Una de cal y otra de arena


Cuando se utiliza esa expresión, sé que una es buena y otra mala, pero la verdad es que ignoro cuál es cual. Por favor, si alguien lo sabe, que me lo diga.


La cosa es que voy a hablar de dos establecimientos hosteleros de Gijón, concretamente del cuasi olvidado barrio de Viesques y a uno lo voy a poner por las nubes y a otro lo voy a bajar a los infiernos. Empiezo por las nubes.


NUBES: En este apartado pongo, como no, a mi queridísimo Psicotapas, en la esquina de las calles Gloria Fuertes con Daniel Palacio, cerquita del lamentable, de momento, Parque Fluvial. El Psicotapas es un establecimeinto pequeñito y con dos plantas. Decorado fundamentalmente en madera con colores burdeos en las paredes que le da un toque que a mi me recordaría, si tuviese chimenea, a un establecimiento típico de los Alpes Suizos. Es un sitio, principalmente, para tomar un vino, una cerveza, una primera copa aunque también ofrece algo de comida a modo de alguna abundante ensalada, tapas pequeñitas, tostas y una nueva incorporación a la carta muy curiosa y pensada para los más pequeños que es la minipizza (5 €uros por una pizza casera de tamaño ideal para niños y muy rica). En los vinos un apartado de tintos que cambia cada mes, con unas 8 referencias, en los blancos algo menos y un siempre presente Moscatel de la Marina y un Agustí Torelló en lo que a cavas se refiere. El trato es agradable sin lugar a confianzas que con el tiempo puedan pasar factura y el ambiente tranquilo. Del precio no podemos decir que sea barato pero tampoco es caro y es muy importante decir que no conozco de nada a sus dueños.



INFIERNOS: Aquí tengo muy claro que meto a La Maleta del Loco, situada a escasos 300 metros del anterior, en la glorieta de Corín Tellado. Este gastrobar como les gusta definirse y que no deja de ser otro establecimiento hostelero sin más empezó con aires de grandeza y eso se paga. Los precios tiran a elevados, la comida es bastante variada y la calidad no es mala del todo pero tampoco para repetir. En la carta de vinos siempre está presente un mediocre "De Lózar" y tiene una explicación. Lo peor, para mi gusto, es el trato de algunos camareros. Da la sensación que son dioses del Olimpo que bajarán a servirte cuando ellos les apetezca y el otro día hubo un par de detalles que hicieron que, definitivamente, me lo piense antes de volver de nuevo: El primero es que pido mesa para comer dos, hay 5 libres y sólo me dejan sentarme en la que ellos quisieron que era la que estaba pegadísima a otra que también estaba ocupada y con la que podíamos compartir conversación sin ningún problema. El segundo detalle ocurrió al pedirle a la camarera que nos tomase nota. Su respuesta no fue otra que "Cuando pueda". Aquí conozco a los dueños levemente y debo decir que no me caen nada mal, pero lamento que tengan ese servicio.Si no fuese porque en esta ciudad somos bastante borreguetes en el sentido de ir todos a lo "guay" diría que La Maleta del Loco no durará más de dos años.


Que quede claro que estos son opiniones personales de un cliente de la calle. Ni soy crítico gastronómico ni tengo cultura de tal, pero son mis opiniones como cliente corriente y moliente, que al fin y al cabo es el que consume y paga. Entiendo perfectamente que alguien que pueda leer esto le horrorice el Psicotapas y le encante La Maleta y le ofrezco este blog para que exprese libremente su opinión.


Y una confesión: Mi mayor ilusión sería tener un bar y si lo tuviese me gustaría que fuese lo más parecido al Psicotapas. ¿Quién quiere ser mi socio?

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Va de pinchos

Estaba yo leyendo un libro de Dioni Viña (buen periodista gijonés, buena persona, fallecido hace poco tiempo y muy cercano al Rey Gaspar) y encontré un capítulo que hablaba de los pinchos que ponen en los bares cuando pides una bebida.
No se muy bien si hablo de pinchos, tapas o es lo mismo. Me refiero a lo que te ponen gratis y que, me da la impresión, que no es cosa común en todas las ciudades, aunque en Gijón si lo parezca.

De esto se podrían escribir libros enteros porque hay mil clases:
  • El típico sitio que te pone una rajina de chorizo con un poco de pan.
  • El que te pone una cazuelina de barro con garbanzos.
  • El que te pone todos los días lo mismo.
  • El que no te pone nada nunca (generalmente está vacio).
  • El que te pone un trocito de croissant de los que le sobraron en el desayuno.
  • El que te pone una docena de gambas a la gabardina y una docena de empanadillas cada vez que pides una cocacola.
  • El que te pone el socorrido platillo de frutos secos (anacardos incluidos) mezclados con alguna uva pasa y que te lo comes porque no queda otro remedio, pero que luego te sienta fatal al estómago.
  • El que pone el pincho a las personas que tienes a ambos lados pero a ti no te lo pone (este abunda más de lo deseado).
  • El que te pone un huevín fritín (que yo no como porque soy un "repunante") con su patata.
  • El de León que hace esquina y te da unas patatas fritas caseras con un poco de pimentón y que son bestiales.
  • Los de Salamanca en los que puedes escoger lo que te apetezca entre una variedad muy amplia de platos.
  • El que los pone encima de la barra para cogerlos, pero que si coges más de uno te monta un pollo y acabas saliendo en "El Comercio". Una pista: Empieza por EL y termina por GLOBO.
  • El que te pone huevo cocido de color verdusco y que acaba quedando en el plato.
  • El de Miranda de Ebro que te pone levitas con receta secreta, aunque creo recordar que son de pago.
  • El que te pone una tapina de percebes según quién seas. Por suerte, aquel día yo iba con la compañía adecuada y los caté.

  • Y así podríamos seguir hasta mañana...

Pero lo que si tiene que tener claro un empresario hostelero que quiera triunfar es no escatimar en el pincho ni seleccionar entre su clientela el qué tiene derecho a el y el que no lo tiene y tener cuidado con el personal, que como te toque un camarero/a borde te fastidia el vermutín y hace que, con toda probabilidad, no vuelvas por allí en bastante tiempo.


Aclaraciones:
1) El bar que te pone una docena de gambas a la gabardina y las empanadillas es la Cafetería Enol en la calle Pablo Iglesias de Gijón. Es cierto, pero a cambio debes pagar la cocacola a precio de angula y aguantar música bacaladera a volumen insano. En mi opinión no merece la pena salvo que tengas 17 años.
2) La polémica del Bar El Globo por el pincho es real y aunque sea una babayada salir en el periódico por esa chorrada, no le quito la razón al bar, porque hay cada uno por ahí que tiene una jeta que se la pisa. Desconozco si en la actualidad pone pincho o no.
3) El huevo cocido de color tirando a verde musgo es un recurso cada vez menos utilizado, por suerte. Aunque seguro que hay lectores que les apasiona.