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lunes, 15 de marzo de 2010

Ya lo dijo Calderón... (15 de marzo)



Debería ser obligatorio por ley el tener que soñar cosas bonitas y agradables. Eso haría que nos despertásemos de buen humor, que descansásemos mejor y que fuésemos más felices, si cabe, en nuestra vida cotidiana.

Y es que esta noche tuve un sueño extraño y feo (en realidad tuve dos). No era una pesadilla de esas que te levantas de golpe con el corazón a mil por hora y con un exceso de sudoración que no consigues ni corriendo la Marathón del Sahara, pero era un sueño para no repetir, por feo y por insulso.

Soñé (atención a la mezcla y extrañeza del mismo) que vivía en Rumanía, en una ciudad que no se cuál era pero me imagino que Bucarest porque no conozco otra (ignorancia geográfica se llama eso) y mi casa era en un bajo comercial. Allí dentro de aquel bajo tenía mi cama, mi ropa, la cocina, todo menos el baño porque para ir a ducharme tenía que salir de aquel bajo comercial ubicado en un barrio poco iluminado de Bucarest y dirigirme a otra calle donde estaba la ducha (también en otro bajo comercial). En el sueño estaba acompañado y no recuerdo por quién (por suerte para él o para ella) y se desarrollaba de madrugada.

No me gustó nada, me levanté con la sensación de haber perdido una noche, con ganas de coger el primer avión a España y con necesidad de soñar cosas bonitas que me alegren la noche.

Debo decir que en mi vida estuve en Rumanía (al menos de forma consciente), que no tengo especial interés por vivir en un bajo comercial y adoro la luz...por si alguien quiere interpretar mi sueño.

Pero es que a veces ocurre que soñar cosas bonitas puede ser todavía peor. Te sitúas en un momento que eres completamente feliz, que estás haciendo algo que estás disfrutando a tope, con sensaciones indescriptibles de placer mental y que, probablemente, nunca tendrás....o si. En estos casos el cuerpo te queda melancólico y con mucha pena por haber vivido algo tan bonito pero que ya haya pasado y que, seguramente, no volverá.

Quizás sea peor esto que un mal sueño...

miércoles, 10 de febrero de 2010

Teorías


Lo tengo comprobado definitivamente. Hacía tiempo que le daba vuelta a esta teoría pero ahora ya está cien por cien testada. La teoría es válida para cualquier persona adulta con niños menores de 10 años bajo su mismo techo (pueden ser hijos, sobrinos, hermanos, hijos de unos amigos, etc). Ahí va;

"La cantidad de sueño propia es directamente proporcional al número de veces que un niño se despierta para darte el coñazo a lo largo de la laaarga noche".

Es decir, que tienes un sueño de la leche, necesitas descansar a toda costa y como sea, necesitas por una vez en la vida dormir ocho horas seguidas para poder ser persona al día siguiente y ese día, que en mi caso era esta pasada noche, mis hijos (los dos, uno detrás de otro y con una sincronización perfecta) se pasaron la misma dando la turra a base de bien y consiguiendo que su padre (yo) no pudiese dormir más de media hora seguida y sumando en total unas 3 horas de sueño en toda la noche.

A las cinco y meda me rendí, me doy por vencido y decido venir a desahogarme al blog. Desde entonces, oye, no se les oye a ninguno de los dos "cabritillos".

Pero esto tendrá su venganza. El día que crezcan y decidan salir por la noche hasta las tantas y dormir toda la mañana hasta las cinco de la tarde estaré yo para recordarles momentos como estos que tan feliz me hacen. Je je je (risa maléfica).

La consecuencia más directa es que hoy estaré muerto, me dormiré en cualquier lugar, mis ojeras aumentarán aún más su profundidad y mi humor no será el mismo. En fin....

Zzzzzzzzzzzz

viernes, 17 de julio de 2009

Me gusta el queso


Me doy cuenta de una cosa. Sobre mi persona pesan un par de leyendas urbanas que avanzan a gran velocidad y que debo desementir antes de que sea demasiado tarde. Por eso aprovecho este post y la masiva afluencia de este blog para publicar unas notas aclaratorias al respecto.

Leyenda Urbana 1: "Estás cansado". Esta es una frase que me suele caer con cierta frecuencia y normalmente cuando menos menos me lo espero, principalmente, por ser algo incierto. Bien es cierto que a veces puedo estar cansado por los motivos que sean, pero es que la inmensa mayoría de las veces que me lo dicen no coincide con la realidad. Quizás mi cara lanza expresiones que se puedan confundir, mensajes equivocados como, por ejemplo, otras muchas veces que alguien me pregunta "¿De qué te estás riendo?" y la verdad es que no me estoy riendo de nada. Temo que tendré que apuntarme a algún cursillo de expresión facial porque algo está fallando por aquí.

Leyenda Urbana 2: "A Lan no le gusta el queso". Esta es la leyenda más extendida y la que más me perjudica. No tengo ni idea de dónde pudo salir semejante maldad pero NO ES VERDAD. Lo realmente curioso de esto es que la leyenda no se queda en un reducido círculo de personas, sino que pasa de unos grupos a otros entre lo que, se supone, no existe ningún tipo de relación. La gravedad de todo esto llegó en una comida navideña de mi pandilla política en la que se llegó a cambiar el menú en función de que no me gustaba el queso haciendo así que la leyenda urbana alcanzase unos niveles difíciles de superar. Aquí debo decir que me gusta el queso, me encanta el queso: El cabrales, el manchego, el peñasanta, el afuega'l pitu blanco, el roxu que pica un poquitín, el de idiazabal, el gallego, el camembert, el roquefort, la mozzarella, el mascarpone, el quark, el majorero, el parmesano, el gruyere, el feta, el quesito de El Caserío, etc, etc, etc.


Así que dicho queda. Si me veis cara de cansado, salvo bostezos incontrolados, es muy probable que no lo esté y si queréis ofrecerme buenos quesos no lo dudéis en ningún momento que mi estómago os lo agradecerá eternamente.

miércoles, 6 de mayo de 2009

En los brazos de Morfeo


Acabo de recibir una llamada del Departamento del Estudio del Sueño de la Universidad de Kentucky para someterme a un experimento puesto que dicen que soy capaz de dormirme en cualquier lugar y situación, algo que niego categoricamente y que me parece una exageración. El estudio lo quieren hacer basándose en un escrito que algún "buen" amigo les hizo llegar y en el que dan detalles suficientes para que ese prestigiosísimo departamento universitario se haya fijado en mi persona para desarrollar su labor investigadora.

A modo de antecedente y como defensa propia debo decir que, digan lo que digan, soy de mal dormir, de noches insomne, de fácil despertar con el ruido de una mosca y de tardar mucho en alcanzar el sueño, aunque eso sólo lo defiendo yo y no se por qué, la verdad.

Y es que en el escrito describían con todo lujo de detalles las siguientes situaciones:

1) La vez que me dormí sobre una roca de un pedreru plagada de llámpares y mejillones que hacían que la superficie fuese propia de un fakir y usando como almohada un bote de desodorante en spray (en este momento me pregunto de dónde narices había salido ese bote-almohada). Sólo me faltaba sacar fuego por la boca al acercar una antorcha y después pasar el sombrero.

2) La vez que me dormí en un ALSA Gijón Madrid con el dedo índice de la mano derecha dentro de mi ojo derecho, siendo ese mi único apoyo para tan deliciosa siesta. A punto estuve de quedarme tuerto por el traqueteo del autobús.

3) La vez que eché un "pigazu" (pequeño sueño) apoyando mi frente en un tazón de ColaCao que acababan de servirme en una cafetería gallega junto a un delicioso croissant. Creo que de esto hay testimonio gráfico. Me desperté con un mechón de pelo dentro de la bebida (ahora entiendo muchas cosas. ¿Y si el ColaCao es un alimento alopécico?).

4) Las veces y veces que me dormí en el cine, llegando a dormirme en 9 de cada 10 películas que fuí a ver, como poco.


Vamos, que tampoco es para tanto y que estos de Kentucky igual exageran un poquitín. Sigo defendiendo mis dificultades para dormir pero me dejaré estudiar, que no seré yo quien les quite la ilusión.

Zzzzzzzzzz

viernes, 9 de enero de 2009

Insomnio


No se lo qué me pasa pero desde hace varios meses (calculo yo que desde el pasado verano) me despierto a las cuatro de la mañana y soy incapaz de dormirme hasta, al menos, una hora después. Y una hora de cama y pensamientos da para mucho. En esa hora me da tiempo a examinar mi vida de arriba a abajo, a solucionar todos los problemas del día anterior y a dar la bienvenida a los problemas del día que pronto empezará.

Y es que no se que tiene la noche que hace (al menos a mi) que vea las cosas de un modo más oscuro que si las veo a media mañana.


Cansado de esta situación voy a convocar un concurso de ideas para ver en qué puedo aprovechar ese tiempo precioso que me paso en posición horizontal. De momento lo dedico a pensar y darle vueltas y más vueltas a la cabeza con resultados desastrosos, pero quiero cambiar y aprovecharlo, por ejemplo, escribiendo este blog o escuchando música o viendo los teletiendas de la tele o cocinando o haciendo macramé y ganchillo o, incluso, dormir. Eso estaría bien: Aprovechar esa hora durmiendo.


A ver si lo consigo desde esta noche....

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Literatura Infantil


Existe un cuento infantil precioso (para mi gusto, claro está) que se titula "¿A qué sabe la luna?". En el cuento se relata como varios animales de distintas especies se unen para intentar atrapar algo tan lejano como la luna y poder probar un pedacito de ella. Una vez que, entre todos ellos, lo consiguen ese pedacito de luna les sabe a "lo que a ellos más les gusta" (al ratón le sabe a queso).

Es un cuento que decubrí gracias a mi hija y creo que nunca me cansaría de leérselo. Me parece sencillo, entrañable...El mensaje lo puede interpretar cada uno como quiera. Mi interpretación es que nada ni nadie puede meterse en el medio de una ilusión y que si quieres hacer algo y realmente te lo propones, lo acabarás consiguiendo teniendo al final una buena recompensa.

Yo siempre fuí tremendamente malo para interpretar libros, cuentos, películas, canciones... y no se porque me da que esa (la de la mala interpretación de los mensajes) es una cualidad más masculina que femenina.
Al igual que los animales del cuento, no podemos amilanarnos a la primera de cambio y dejar de hacer aquello que nos apetece (siempre dentro de un respeto) para que luego con el paso del tiempo, echemos la vista atrás y nos pese no haberlo hecho. Siempre que sea posible hay que intentarlo.
Disfruté de ese cuento cada vez que lo leí y cada vez que se lo leí. Si tenéis hijos pequeños y no lo conocéis, es una buenísima recomendación.Justificar a ambos lados
Una pregunta, ¿A qué os sabe la luna a vosotros?