
Hay una costumbre pedagógica que no acabo de entender muy bien y es la de desentenderse del papel de firme educador para pasarle la misión a un desconocido que nada tiene que ver con ellos. Venga, vale, me explico mejor.
Esta tarde estaba yo en mi lugar de trabajo disfrutando a más no poder de mi jornada laboral cuando aparecen por la puerta una señora y un niño en silla. Un niño bastante insoportable (vamos a hablar claro) que tendría unos cuatro años y cara de mala leche (¿acaso nadie conoce al típico niño que tiene cara de adulto malhumorado?. Este era uno de ellos). No hacía más que gritar con lo que a la señora no se le ocurre cosa mejor que amenazarle con que “si no te callas te riñe el señor” (el señor era yo).
Vamos a ver señora (seguro que lee este blog): En primer lugar yo soy un señor por dentro, pero por fuera soy un chavalete con aspecto juvenil que no aparenta más de 19. En segundo lugar no me cargue usted a mí el sambenito de tener que poner cara amenazante al nene para que esté usted tranquila y se calle el chaval porque esa no es mi misión aunque usted lo pretenda, y en tercer lugar le agradecería que no me enemistase a ese nene tan rico, porque menuda cara malhumorada que tenía y a ver si va a tomar represalias cuando sea un adolescente cercano al botellón.
Así que cada uno que eduque a quien le corresponde, que lo haga lo mejor posible por el bien de todos, pero que a mi no me manden educar a desconocidos malhumorados porque no pienso. Eah.
Esta tarde estaba yo en mi lugar de trabajo disfrutando a más no poder de mi jornada laboral cuando aparecen por la puerta una señora y un niño en silla. Un niño bastante insoportable (vamos a hablar claro) que tendría unos cuatro años y cara de mala leche (¿acaso nadie conoce al típico niño que tiene cara de adulto malhumorado?. Este era uno de ellos). No hacía más que gritar con lo que a la señora no se le ocurre cosa mejor que amenazarle con que “si no te callas te riñe el señor” (el señor era yo).
Vamos a ver señora (seguro que lee este blog): En primer lugar yo soy un señor por dentro, pero por fuera soy un chavalete con aspecto juvenil que no aparenta más de 19. En segundo lugar no me cargue usted a mí el sambenito de tener que poner cara amenazante al nene para que esté usted tranquila y se calle el chaval porque esa no es mi misión aunque usted lo pretenda, y en tercer lugar le agradecería que no me enemistase a ese nene tan rico, porque menuda cara malhumorada que tenía y a ver si va a tomar represalias cuando sea un adolescente cercano al botellón.
Así que cada uno que eduque a quien le corresponde, que lo haga lo mejor posible por el bien de todos, pero que a mi no me manden educar a desconocidos malhumorados porque no pienso. Eah.
(No me puedo quitar de la cabeza la cara de ese nene tan rico. Creo que necesitaré ayuda de un profesional)
