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sábado, 7 de noviembre de 2009

Sábado Sabadete


Hoy es sábado, llueve de una manera exagerada y hacía mucho tiempo que no veíamos por estos lares este tipo de lluvia: chaparrones de gotas gordas (redundancia), rachas fuertes de viento, temperaturas tirando a bajas...


De este modo el plan perfecto para esta tarde, tras tomar un aperitivo por ejemplo en el Gregorio, es hacer una comida otoñal, tener una buena sobremesa con conversación y copa para posteriormente tomar posición horizontal sobre un sofá y tapado con una manta tomar posesión del mando a distancia de la televisión para zapear por la típica programación sabatina que incluye películas basadas en hechos reales, repeticiones de programas del cuore, cines de barrio y documentales acerca de los animales extrañísimos que habitan La Tierra. Aprovechar para dormir una buena siesta y tras dos horas aletargado despertar con un cuerpo más que descansado y con una cabeza fresca de ideas para elaborar una buena cena en casa, cocinando un pescado al horno, sirivendo unas entradas originales y todo acompañado de un vino tinto de los de verdad. De postre un heladito y quizás...un gintonic. Todo ello disfrutando del sonido que hace el viento golpeando las ventanas. Un placer...



Peeero, todo esto no se puede hacer si tienes niños pequeños en casa, con lo que me dedicaré al cuidado de los mismos (con mucho gusto, que conste) y a pensar en lo que pudo haber sido y no fué. Disfrutad vosotros que podéis.


Feliz Sábado!!!

jueves, 27 de noviembre de 2008

Sensaciones

Acorde con lo escrito en el post travoltero anterior (el que está colocado justo debajo de este que estás leyendo) tenemos muchos recuerdos en nuestras cabezas que permanecen ocultos hasta que algo, de pronto, nos los saca a la luz. Algunos desparecerán para siempre, pero otros volverán y nos permitirán pasar un buen rato. Por supuesto me estoy fijando en los buenos recuerdos. Los malos recuerdos mejor se quedan escondidos para siempre y no vuelven a aparecer jamás (pura utopía).

Un simple olor ya nos puede traer a la mente multitud de recuerdos y sensaciones ya vividas. El olor del salitre, por ejemplo, me recuerda mucho a cuando iba con mi madre a la escalera 3 de la playa de San Lorenzo y allí me comía una bolsa de patatitas Pumarín cuyo sabor se entremezclaba en mis dientes con los granos de arena haciendo un soinido característico dentro de mi boca. Después iba mi padre y de camino a casa parábamos en El Globo a tomar una gaseosa (eso yo, claro) y a ver la inmensa colección de llaveros que tenían colgados por todo el bar.

Un sabor, como el que tengo grabado de un filete que una vez comí en La Providencia y que nunca jamás volví a probar. No sé si sería carne de perro o de qué, porque nunca jamás volví a encontrar carne de aquel sabor. Para los malpensados les diré que hígado no era, que ese sabor también lo tengo memorizado pero hacia el lado malo de los recuerdos.

Y memorizo el calor madrileño de principios de mayo. Es un calor agradecido y no es sofocante. Agradecido porque tras pasar varios meses de frío llegan los primeros momentos en los que se puede disfrutar de un calor natural y no es ese calor de agosto que no te permite respirar. Eso da paso a lo que yo llamo el "preverano" que corresponde a esos días de finales de mayo y principios de junio en Gijón en los que cambia la luz y la temperatura empieza levemente a subir.

Otra sensación que recuerdo perfectamente es la del llamado "vino reconfortante". Estaba en Galicia de vacaciones y como "donde fueres haz lo que vieres" no paré de beber albariño. Al llevar 4 días bebiendo ese autóctono caldo blanco mi estómago ya no tenía esa gracia de los primeros días con lo que decidí pedir un vino tinto. No recuerdo que vino era pero estaba cojonudo (perdón por la sincera expresión) y lo que es mejor: Le dió a mi estómago esa alegría que necesitaba.


Habrá mil sensaciones que traigan a mi cabeza recuerdos y situaciones ya vividas. Otro día, si queréis, os hablo de las malas que también las hay.