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viernes, 11 de marzo de 2011

11 de marzo: Bocadillos que toda persona debería probar antes de morir.


Sin duda alguna es el bocadillo la comida que más placer puede dar al cuerpo humano, refiriéndome siempre, claro está, a placer gastronómico. Por eso y porque me gusta compartir los descubrimientos que me va ofreciendo la vida, os pongo a continuación los tres mejores bocadillos que pude probar en mis casi diecisiete años de vida (Aquí pongo cara de tonto a ver si cuela...).

Bocadillo de pulpo: Este ya tuvo su protagonismo propio en este blog y debería tenerlo en todas las enciclopedias bocadilleras del mundo porque es posible que sea uno de los mayores placeres que una persona puede meter en su boca (...). El pulpo debe ser "a la gallega" y la mezcla del pan con el octópodo es, sencillamente, espectacular. Si pica un poquito, mejor que mejor.

Bocadillo de chorizo y queso: La mezcla de estos dos productos entre dos buenas rebanadas de pan es para llorar de placer. El chorizo no debe de ser especialmente bueno, pero tampoco vale el chorizo de Pamplona (vulgo chorizón) y el queso uno de lonchas cualquiera (excepto tranchetes o similares).

Bocadillo de tortilla francesa de gambas y quesito: ¿Os suena raro?. Pues es algo impresionante, porque la mezcla del quesito, la gamba (vale de las congeladas) y todo ello dentro de una tortilla calentita crean un sabor que porque os lo digo yo, que si lo dijese otro que yo me sé, caería la gente rendida a sus pies. Ahora me queda la duda de cómo llegue yo a mezclar estas tres cosas...

¿Alguien se atreve con alguno de ellos??

domingo, 26 de abril de 2009

Galicia

Durante muchos años pasaba parte de mis vacaciones en Galicia. Fundamentalmente en Portonovo y Sanxenxo donde tuve el placer de descubrir Playa Canelas, una deliciosa bahía de arena blanca, mar turquesa y chiringuito de los biuenos. Un pequeño bar de madera en la misma arena y donde perfectamente podías comer una buena ensalada, carne asada, pulpo, tortilla de patata y todo regado con unos buenos BOX.

Tengo recuerdos maravillosos de aquellos días, aunque también los tengo regulares. Recuerdos por los que hace 5 años que no piso esa tierra y que me llevaron a buscar otros destinos para mis vacaciones, pero estos recuerdos los dejo aparcados ya que no tiene sentido sacarlos ahora.

En la parte positiva no puedo evitar la sonrisa al recordar el día que conocí al mismísimo Marqués de Vizhoja en persona. El Excelentísimo tuvo el detallazo de enseñarnos sus bodegas, mostrarnos todo el proceso de elaboración de su famosísimo vino y demostrar su simpatía. Era un tipo gracioso, gallego de acento, pero con un problema que le hacía hablar de una forma eléctrica a través de una especie de sintetizador portátil. Era simpático escuchar la expresión "Ay carallo!!" pronunciada con esa voz. Un tío majo y generoso por habernos mostrado los interiores de su empresa. Por cierto, un secreto: En realidad el Marqués no es Marqués. Es un avispado empresario que supo hacer de su marca un título nobiliario.

Tampoco puedo olvidarme de los bares de Portonovo con O'Risonsiño a la cabeza ni del camping que tantas jornadas de juventud me hizo vivir con aquellas duchas portátiles de plástico sólo válidas para gente sin escrúpulos...y sin olfato.

Y muchas cosas más que recuerdo pero que no me conviene escribir aquí.

Que ganas tengo de volver!!!. Desde este momento me declaro de nuevo amigo de Galicia, olvido aquellas cosillas que me hicieron no volver, me olvido de aquella hija de la grandísima bretaña que en pleno mes de agosto y tras reservar una habitación me la quitó diciendo que era mentira que la hubiese reservado (provocando con ellos pasar la noche de muy mala manera) pero no hay rencor. Espero volver a vivir ese sol radiante entre este año y el que viene, que falta me hace.


jueves, 27 de noviembre de 2008

Sensaciones

Acorde con lo escrito en el post travoltero anterior (el que está colocado justo debajo de este que estás leyendo) tenemos muchos recuerdos en nuestras cabezas que permanecen ocultos hasta que algo, de pronto, nos los saca a la luz. Algunos desparecerán para siempre, pero otros volverán y nos permitirán pasar un buen rato. Por supuesto me estoy fijando en los buenos recuerdos. Los malos recuerdos mejor se quedan escondidos para siempre y no vuelven a aparecer jamás (pura utopía).

Un simple olor ya nos puede traer a la mente multitud de recuerdos y sensaciones ya vividas. El olor del salitre, por ejemplo, me recuerda mucho a cuando iba con mi madre a la escalera 3 de la playa de San Lorenzo y allí me comía una bolsa de patatitas Pumarín cuyo sabor se entremezclaba en mis dientes con los granos de arena haciendo un soinido característico dentro de mi boca. Después iba mi padre y de camino a casa parábamos en El Globo a tomar una gaseosa (eso yo, claro) y a ver la inmensa colección de llaveros que tenían colgados por todo el bar.

Un sabor, como el que tengo grabado de un filete que una vez comí en La Providencia y que nunca jamás volví a probar. No sé si sería carne de perro o de qué, porque nunca jamás volví a encontrar carne de aquel sabor. Para los malpensados les diré que hígado no era, que ese sabor también lo tengo memorizado pero hacia el lado malo de los recuerdos.

Y memorizo el calor madrileño de principios de mayo. Es un calor agradecido y no es sofocante. Agradecido porque tras pasar varios meses de frío llegan los primeros momentos en los que se puede disfrutar de un calor natural y no es ese calor de agosto que no te permite respirar. Eso da paso a lo que yo llamo el "preverano" que corresponde a esos días de finales de mayo y principios de junio en Gijón en los que cambia la luz y la temperatura empieza levemente a subir.

Otra sensación que recuerdo perfectamente es la del llamado "vino reconfortante". Estaba en Galicia de vacaciones y como "donde fueres haz lo que vieres" no paré de beber albariño. Al llevar 4 días bebiendo ese autóctono caldo blanco mi estómago ya no tenía esa gracia de los primeros días con lo que decidí pedir un vino tinto. No recuerdo que vino era pero estaba cojonudo (perdón por la sincera expresión) y lo que es mejor: Le dió a mi estómago esa alegría que necesitaba.


Habrá mil sensaciones que traigan a mi cabeza recuerdos y situaciones ya vividas. Otro día, si queréis, os hablo de las malas que también las hay.