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lunes, 5 de abril de 2010

Mi amigo el bibliotecario.


Esta mañana me llegaba una confesión del gran Keith Richards (amiguete mío, puesto que ya nos vimos en 3 ocasiones) en la que decía que le gustaría ser bibliotecario e iba más allá cuando no descartaba estudiar para ello y así poder gestionar su propia biblioteca. Quién lo verá, entre whisky y peta, sacando un libro de una estantería de su salón para leerlo en la cama y ponerse él mismo el sellito para devolverlo dentro de quince días.


Por otro lado, también me llegaba el deseo de otro amigo (éste mucho más cercano) al que llamaremos J y que dice que le haría ilusión conducir un autobús municipal, con el único estrés, según él, de pararse sólo en las paradas previstas y no tener que improvisar en ningún momento.


Y como ellos confiesan, yo también lo haré. Por un lado me gustaría muchísimo ser policía, pero no un policía de uniforme y patrulla, no. Un policía de minuciosas investigaciones, de contrastar mil datos, de resolver misterios, aunque también sería feliz multando a los que van hablando por teléfono mientras conducen. Ufff, que pedazo de multas iba a poner....


Pero lo que realmente me gustaría hacer es trabajar en la recepción de un hotel. Esto sería para mi la felicidad absoluta. Ver los clientes que entran, los que salen, hablar con ellos, indicarles las mejores direcciones para cenar, hablar en varios idiomas, trabajar de día, de noche.... Lo pienso y se me pone la piel de gallina y todo. Y si el hotel es de cuatro para arriba, entonces ya sería el sumum repanochum.


Como estoy convencido de que a todos os gustaría, aunque sólo fuese por un día, trabajar en algo que no es lo vuestro, os animo a sinceraros y compartirlo al igual que ya lo hicieron mis amigos Keith, J y yo mismo. Lo que si ruego es que se abstengan aquellos que dicen "es que yo trabajo en lo que siempre desee y soy tan feliz".


Anímense, mis seguidores....

domingo, 14 de junio de 2009

He vuelto...


...de las vacaciones más cortas de la historia (de mi historia, para ser justos), y no me refiero a que sea la vez que menos tiempo haya estado fuera de casa, sino a que se me han hecho cortísimas, prácticamente fugaces. Pero la realidad es que en estas vacaciones, además de tomar el sol y descansar merecidamente, pude realizar una serie de estudios interesantísimos que plasmo a continuación:

  1. El cuerpo humano es capaz de asumir en una semana una cantidad ingente de colesterolazo del malo y a base de bien. Desayunos compuestos de chistorra frita, panceta a la plancha con su grasilla rebosante, crepes recién hechos, salchichas de frankfurt tamaño europeo y todo lo malo que se os pueda ocurrir. Puro placer.... culminado con un poco de fruta, eso si, para disimular.
  2. También pude comprobar que el cuerpo humano soporta tantas piñas coladas al día como sean necesarias. A mí me las ponían allí y yo no iba a decir que no.... A ver quién es el guapo que dice NO a semejante manjar.
  3. Existen personajes en este tipo de hoteles (me refiero a los todo incluido) que al llegar solicitan al departamento de cirugía del hotel que les añada de manera inmediata un vaso en su mano derecha y con ese vaso se pasean durante toda su estancia, rebosante a poder ser. De hecho, al llegar nosotros a la recepción, lo primero que vimos fué a un individuo de nacionalidad extranjera desconocida con una vaso repleto de alguna bebida alcohólica. A lo largo de la semana nos cruzamos con él en múltiples ocasiones ...siempre con su apéndice en forma de vaso. Y adivinen quién fué la última persona que vimos al marchar del hotel... Efectivamente!!!, a Mister Priva (así fué rebautizado). Estoy empezando a pensar si era real o era una aparición misteriosa de esas que salen en las pelis de miedo y que al rato desaparecen sin dejar rastro.
  4. Que el que suscribe y, por lo que pudo comprobar, alguno más cada vez le hace menos gracia montar en avión y estoy convencido que gran parte de este "respeto" se debe a las incomodísimas medidas de seguridad que ya te empiezan a poner nervioso una hora antes de subir al avión: Que si quita el cinturón, que si las monedas, que si la mochila, que si el reloj, que si pita o no pita. Y luego en el vuelo, que si tormenta, que si quitamos o ponemos el cinturón, que si las mascarillas, etc. De ahí que al aterrizar la mitad del pasaje (entre lo que NO me incluyo) se arrancase en un aplauso voluntario como si hubiésemos llegado de una misión complicadísima de la NASA. Y eso que el vuelo no fué nada malo. Más bien todo lo contrario. En fin...

Volveré...vaya si volveré!!!!



PD: El hotel nos lo recomendó una buena amiga y buena lectora de este blog. Es el segundo año que voy y debo decir que si el año pasado ya me gustó, este me pareció aún mejor. Un sitio muuuuy recomendable, eso sí, para ir con niños, ya que ellos allí disfrutan como nadie. Paisaje impresionante, playas con aguas cristalinas y además me consta que esta opinión es generalizada con una relación calidad-precio excelente y con un sevicio amabilísimo que, por desgracia, no abunda por estas tierras norteñas.

lunes, 11 de mayo de 2009

Pequeños Placeres


Uno de los mayores placeres que puede tener el que suscribe es desayunar opíparamente en el buffet de un gran hotel de una capital europea. Digo un gran hotel por decir algo y digo capital europea por lo mismo, que con tal de desayunar, lo mismo me da que sea en Londres, Tokyo o Villafáfila.

En esos desayunos buffeteros uno suele perder la vergüenza hasta el punto de tomar diferentes tipos de frutas, recargar el plato con dosis extra de colesterol en forma de salchicchas y huevos revueltos, otro plato hasta arriba de bollería, una tostada con mantequilla y mermelada y fruta para disimular y salir de allí con la idea de haber hecho una comida sana.

Yo soy de esos, pero no llego al límite de llevar una bolsa para introducir alimentos como vi hace unos años hacer a una british pareja en un hotelito menorquín y tampoco llego al nivel de tener delante de mi uno de los mayores buffets del país y comer sólo un racimo de uvas. Ahora que lo que más me impresionó fué ver en un hotel de Amsterdam un panal con miel de abeja para que te sirvieses tu mismo directamente del mismo. Quizás se le ocurra a alguien poner una vaca para que ordeñemos nosotros mismos la leche...

Creo que si tuviese que elaborar un listado de las cosas que más me gusta hacer en este mundo, esta se situaría entre las cinco primeras.