
Esta mañana me llegaba una confesión del gran Keith Richards (amiguete mío, puesto que ya nos vimos en 3 ocasiones) en la que decía que le gustaría ser bibliotecario e iba más allá cuando no descartaba estudiar para ello y así poder gestionar su propia biblioteca. Quién lo verá, entre whisky y peta, sacando un libro de una estantería de su salón para leerlo en la cama y ponerse él mismo el sellito para devolverlo dentro de quince días.
Por otro lado, también me llegaba el deseo de otro amigo (éste mucho más cercano) al que llamaremos J y que dice que le haría ilusión conducir un autobús municipal, con el único estrés, según él, de pararse sólo en las paradas previstas y no tener que improvisar en ningún momento.
Y como ellos confiesan, yo también lo haré. Por un lado me gustaría muchísimo ser policía, pero no un policía de uniforme y patrulla, no. Un policía de minuciosas investigaciones, de contrastar mil datos, de resolver misterios, aunque también sería feliz multando a los que van hablando por teléfono mientras conducen. Ufff, que pedazo de multas iba a poner....
Pero lo que realmente me gustaría hacer es trabajar en la recepción de un hotel. Esto sería para mi la felicidad absoluta. Ver los clientes que entran, los que salen, hablar con ellos, indicarles las mejores direcciones para cenar, hablar en varios idiomas, trabajar de día, de noche.... Lo pienso y se me pone la piel de gallina y todo. Y si el hotel es de cuatro para arriba, entonces ya sería el sumum repanochum.
Como estoy convencido de que a todos os gustaría, aunque sólo fuese por un día, trabajar en algo que no es lo vuestro, os animo a sinceraros y compartirlo al igual que ya lo hicieron mis amigos Keith, J y yo mismo. Lo que si ruego es que se abstengan aquellos que dicen "es que yo trabajo en lo que siempre desee y soy tan feliz".
Anímense, mis seguidores....


