sábado, 18 de julio de 2009
viernes, 17 de julio de 2009
Bilungüismo repentino

Danme mucha rabia eses gafones que lleven ahora les muyeres modernes y que ocupaiyos toda la carona. Y danme rabia porque ye que yo soy muy despistau y a poco que lleven un poco de camuflaje despíntenseme les persones y no les conozco.
Así ye que quedo como la gocha cada vez que crúzome con una de elles y salúdame por la calle. Si estoy vivu nun hay problema, porque salúdola aunque nun tenga ni repajolera idea de quién coño ye, pero como vaya pensando en les mis coses, la probe salúdame y yo ni me entero, dejandoi a ella pensado que soy un faltosu y un estirau, algo que no ye cierto porque soy un chaval muy salao como diz el mi perfil.
Así que, pídovos por favor, que si algún día de estos cruzámosnos por les calles y vos niego el saludo nun vayais a pensar que ye que me ficisteis algo o que estoy muy ofendidu, ye simplemente que me llevais eses gafones que tapen más la cara que les máscares venecianes, que vos queden muy resultones, pero que a mi despístenme.
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Ay fíos, perdonaime esti bilingüismo repentino y a los puristes de la llingua avisoiyos que esti ye el lenguaje coloquial y no el que ellos utilicen en les manifestaciones del unu de mayu y que nadie se me preocupe que el próximu post ya lu faré en castellano de toda la vida.
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Me gusta el queso

Me doy cuenta de una cosa. Sobre mi persona pesan un par de leyendas urbanas que avanzan a gran velocidad y que debo desementir antes de que sea demasiado tarde. Por eso aprovecho este post y la masiva afluencia de este blog para publicar unas notas aclaratorias al respecto.
Leyenda Urbana 1: "Estás cansado". Esta es una frase que me suele caer con cierta frecuencia y normalmente cuando menos menos me lo espero, principalmente, por ser algo incierto. Bien es cierto que a veces puedo estar cansado por los motivos que sean, pero es que la inmensa mayoría de las veces que me lo dicen no coincide con la realidad. Quizás mi cara lanza expresiones que se puedan confundir, mensajes equivocados como, por ejemplo, otras muchas veces que alguien me pregunta "¿De qué te estás riendo?" y la verdad es que no me estoy riendo de nada. Temo que tendré que apuntarme a algún cursillo de expresión facial porque algo está fallando por aquí.
Leyenda Urbana 2: "A Lan no le gusta el queso". Esta es la leyenda más extendida y la que más me perjudica. No tengo ni idea de dónde pudo salir semejante maldad pero NO ES VERDAD. Lo realmente curioso de esto es que la leyenda no se queda en un reducido círculo de personas, sino que pasa de unos grupos a otros entre lo que, se supone, no existe ningún tipo de relación. La gravedad de todo esto llegó en una comida navideña de mi pandilla política en la que se llegó a cambiar el menú en función de que no me gustaba el queso haciendo así que la leyenda urbana alcanzase unos niveles difíciles de superar. Aquí debo decir que me gusta el queso, me encanta el queso: El cabrales, el manchego, el peñasanta, el afuega'l pitu blanco, el roxu que pica un poquitín, el de idiazabal, el gallego, el camembert, el roquefort, la mozzarella, el mascarpone, el quark, el majorero, el parmesano, el gruyere, el feta, el quesito de El Caserío, etc, etc, etc.
Así que dicho queda. Si me veis cara de cansado, salvo bostezos incontrolados, es muy probable que no lo esté y si queréis ofrecerme buenos quesos no lo dudéis en ningún momento que mi estómago os lo agradecerá eternamente.
Leyenda Urbana 1: "Estás cansado". Esta es una frase que me suele caer con cierta frecuencia y normalmente cuando menos menos me lo espero, principalmente, por ser algo incierto. Bien es cierto que a veces puedo estar cansado por los motivos que sean, pero es que la inmensa mayoría de las veces que me lo dicen no coincide con la realidad. Quizás mi cara lanza expresiones que se puedan confundir, mensajes equivocados como, por ejemplo, otras muchas veces que alguien me pregunta "¿De qué te estás riendo?" y la verdad es que no me estoy riendo de nada. Temo que tendré que apuntarme a algún cursillo de expresión facial porque algo está fallando por aquí.
Leyenda Urbana 2: "A Lan no le gusta el queso". Esta es la leyenda más extendida y la que más me perjudica. No tengo ni idea de dónde pudo salir semejante maldad pero NO ES VERDAD. Lo realmente curioso de esto es que la leyenda no se queda en un reducido círculo de personas, sino que pasa de unos grupos a otros entre lo que, se supone, no existe ningún tipo de relación. La gravedad de todo esto llegó en una comida navideña de mi pandilla política en la que se llegó a cambiar el menú en función de que no me gustaba el queso haciendo así que la leyenda urbana alcanzase unos niveles difíciles de superar. Aquí debo decir que me gusta el queso, me encanta el queso: El cabrales, el manchego, el peñasanta, el afuega'l pitu blanco, el roxu que pica un poquitín, el de idiazabal, el gallego, el camembert, el roquefort, la mozzarella, el mascarpone, el quark, el majorero, el parmesano, el gruyere, el feta, el quesito de El Caserío, etc, etc, etc.
Así que dicho queda. Si me veis cara de cansado, salvo bostezos incontrolados, es muy probable que no lo esté y si queréis ofrecerme buenos quesos no lo dudéis en ningún momento que mi estómago os lo agradecerá eternamente.
jueves, 16 de julio de 2009
martes, 14 de julio de 2009
Rico rico

No es por daros envidia, pero el menda lerenda se acaba de meter entre pecho y espalda una ventrisquina, ventresquina o como narices se diga de bonito y patrocinada por mi estupendísima suegra que estaba im-presionante. Pertenecía a un bonito que esta misma mañana todavía campaba a escasas millas de La Cuesta'l Cholo, mar adentro.
Primero la metí al horno para que se fuese haciendo y a la vez estaba semi-friendo unas patatas panadera. Por otra parte en otra sartén hacía un sofritín con ajo, limón, aceite del rico (nada de girasolón) y vino blanco del más barato de toda la tienda (tengo la teoría que el vino blanco para cocinar debe ser de lo peor del mercado, ya que así dará un peculiar sabor a los platos que hagamos).
Cuando el pescado que estaba en el horno untado con aceite y limón empezaba a hacer "frisch-frisch" lo saqué y en la bandeja añadí las patatas (que no estaban fritas pero tampoco crudas), un tomate en rajas, eché el sofritillo por encima y lo metí todo, junto a un poco de sal gorda, de nuevo al horno para darle el golpe de calor definitivo y que se terminase de hacer.
El resultado: Un plato completamente vacío sin rastro de nada. Señal de que se podía comer, digo yo. Vamos, que ni en El Playu ni en El Candil ni en ningún lado. El bonito en mi casa.
Primero la metí al horno para que se fuese haciendo y a la vez estaba semi-friendo unas patatas panadera. Por otra parte en otra sartén hacía un sofritín con ajo, limón, aceite del rico (nada de girasolón) y vino blanco del más barato de toda la tienda (tengo la teoría que el vino blanco para cocinar debe ser de lo peor del mercado, ya que así dará un peculiar sabor a los platos que hagamos).
Cuando el pescado que estaba en el horno untado con aceite y limón empezaba a hacer "frisch-frisch" lo saqué y en la bandeja añadí las patatas (que no estaban fritas pero tampoco crudas), un tomate en rajas, eché el sofritillo por encima y lo metí todo, junto a un poco de sal gorda, de nuevo al horno para darle el golpe de calor definitivo y que se terminase de hacer.
El resultado: Un plato completamente vacío sin rastro de nada. Señal de que se podía comer, digo yo. Vamos, que ni en El Playu ni en El Candil ni en ningún lado. El bonito en mi casa.
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domingo, 12 de julio de 2009
Hace doce años...

Hoy se cumplen doce años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Doce años que para la mayoría de nosotros pasaron volando pero seguro que para su familia han sido como doce siglos.
Aquel suceso fué uno de los más terribles que nos ha tocado vivir y como suele ocurrir con este tipo de noticias impactantes nos acordamos perfectamente de lo que estábamos haciendo en ese momento. En mi caso me tocó vivirlo de una manera muy especial y que me hizo vivir aquello desde un punto de vista algo diferente.
Estaba haciendo un curso de verano de la Universidad Complutense en El Escorial. El curso era de periodismo y radio (aquí debo decir para quien no me conozca que no soy periodista pero si me gusta el periodismo). Eran unos cursos de tres días de duración intensísimos e interesantísimos en los que se aprendían muchas cosas y los programas de radio se hacían en directo desde allí.
Aquella tarde Javier Sardá estaba haciendo su último programa de radio antes de marchar a la tele y en el informativo previo a su despedida salta la noticia: "ETA había secuestrado a un concejal y si en 48 horas no conseguían lo que pedían, sería asesinado". El mazazo en el ambiente fué brutal. El ambiente festivo de aquella tarde quedó inmediatamente sesgado y desde ese momento, como es lógico, toda la prgramación se centró en el suceso.
Esa noche le tocaba el turno al ya fallecido Carlos Llamas y su mítico programa "Hora 25". El programa volvía a basarse en lo mismo y el pesimismo crecía por momentos. Recuerdo que Carlos Llamas (una gran persona) no tuvo reparos en, al acabar el programa, tomarse un par de copas con nosotros, los alumnos, y ahí se abrió de una manera interesantísima. Nos estuvo contando con detalle como había sido la liberalización de Ortega Lara que se había producido apenas una semana antes, nos contó detalles de la operación policial y nos contó como era el zulo en el que lo habían tenido secuestrado y que él mismo había visitado esa misma semana y recuerdo que al preguntarle por el posible desenlace del secuestro de aquella misma tarde contestó de una manera muy sincera: "No hay nada que hacer. ETA lo va a matar".
Por desgracia acertó. Yo me enteré mientras volvía de Madrid conduciendo y me consta que mucha gente se enteró en la misma playa a través de la megafonía. Eran las cuatro de la tarde de un sábado y de lo que estoy seguro es que todos nos acordamos dónde estábamos aquel día del que ya han pasado doce años.
Aquel suceso fué uno de los más terribles que nos ha tocado vivir y como suele ocurrir con este tipo de noticias impactantes nos acordamos perfectamente de lo que estábamos haciendo en ese momento. En mi caso me tocó vivirlo de una manera muy especial y que me hizo vivir aquello desde un punto de vista algo diferente.
Estaba haciendo un curso de verano de la Universidad Complutense en El Escorial. El curso era de periodismo y radio (aquí debo decir para quien no me conozca que no soy periodista pero si me gusta el periodismo). Eran unos cursos de tres días de duración intensísimos e interesantísimos en los que se aprendían muchas cosas y los programas de radio se hacían en directo desde allí.
Aquella tarde Javier Sardá estaba haciendo su último programa de radio antes de marchar a la tele y en el informativo previo a su despedida salta la noticia: "ETA había secuestrado a un concejal y si en 48 horas no conseguían lo que pedían, sería asesinado". El mazazo en el ambiente fué brutal. El ambiente festivo de aquella tarde quedó inmediatamente sesgado y desde ese momento, como es lógico, toda la prgramación se centró en el suceso.
Esa noche le tocaba el turno al ya fallecido Carlos Llamas y su mítico programa "Hora 25". El programa volvía a basarse en lo mismo y el pesimismo crecía por momentos. Recuerdo que Carlos Llamas (una gran persona) no tuvo reparos en, al acabar el programa, tomarse un par de copas con nosotros, los alumnos, y ahí se abrió de una manera interesantísima. Nos estuvo contando con detalle como había sido la liberalización de Ortega Lara que se había producido apenas una semana antes, nos contó detalles de la operación policial y nos contó como era el zulo en el que lo habían tenido secuestrado y que él mismo había visitado esa misma semana y recuerdo que al preguntarle por el posible desenlace del secuestro de aquella misma tarde contestó de una manera muy sincera: "No hay nada que hacer. ETA lo va a matar".
Por desgracia acertó. Yo me enteré mientras volvía de Madrid conduciendo y me consta que mucha gente se enteró en la misma playa a través de la megafonía. Eran las cuatro de la tarde de un sábado y de lo que estoy seguro es que todos nos acordamos dónde estábamos aquel día del que ya han pasado doce años.
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Impacto.
sábado, 11 de julio de 2009
Vogue
Es una diosa y quien diga lo contrario miente. He tenido la suerte de ver bastantes conciertos a lo largo de mi vida, conciertos de gente buena y de gente menos buena. Conciertos que me han sorprendido por no esperar gran cosa y encontrarme cosas buenas o por esperarme grandes artistas y toparme con estafadores musicales.
Creo que ahora sólo me falta ella...
martes, 7 de julio de 2009
San Fermín 2009

Son las 07:51 de la mañana del 7 de julio de 2009: San Fermín. Quedan apenas 9 minutos para que un chupinazo dé paso al primer encierro de estas fiestas.
Una de las cosas por las que más realizado me siento es por haber podido disfrutar de esas fiestas de una manera intensa e incluso lujosa, diría yo. Tenía aproximadamente 23 o 24 años, una edad en la que, por inercia, te comes el mundo, un piso en Pamplona (cedido amablemente) donde descansar (importante diferenciar entre el verbo descansar y el verbo dormir) y dinero suficiente para vivirlas sin grandes lujos pero sin penurias (en este punto es importante recordar que a esas edades eres capaz de ahorrar en comida para poder tomarte una copa más). Los lujos se materializaban en otras cosas como poder disfrtuar de la compañía intensa de algunos de mis amigos o poder ver un encierro desde un balcón de la Calle Estafeta acogidos por una familia que no nos conocía absolutamente de nada y nos abrió sus puertas ofreciéndonos una panorámica por la que muchos llegan a a pagar cantidades importantes. Nosotros no sólo no pagamos sino que además nos dieron café y churros. Siempre agradeceré la amabilidad de esa familia.
07:59. Los mozos ya están con los cánticos previos a la salida de los morlacos. Me sorprende que lo cantan en castellano (como toda la vida) y en euskera que antes no lo había oido nunca.Una de las cosas por las que más realizado me siento es por haber podido disfrutar de esas fiestas de una manera intensa e incluso lujosa, diría yo. Tenía aproximadamente 23 o 24 años, una edad en la que, por inercia, te comes el mundo, un piso en Pamplona (cedido amablemente) donde descansar (importante diferenciar entre el verbo descansar y el verbo dormir) y dinero suficiente para vivirlas sin grandes lujos pero sin penurias (en este punto es importante recordar que a esas edades eres capaz de ahorrar en comida para poder tomarte una copa más). Los lujos se materializaban en otras cosas como poder disfrtuar de la compañía intensa de algunos de mis amigos o poder ver un encierro desde un balcón de la Calle Estafeta acogidos por una familia que no nos conocía absolutamente de nada y nos abrió sus puertas ofreciéndonos una panorámica por la que muchos llegan a a pagar cantidades importantes. Nosotros no sólo no pagamos sino que además nos dieron café y churros. Siempre agradeceré la amabilidad de esa familia.
08:00. Explota el cohete que abre la puerta. Los toros empeizan a correr. Los mozos empiezan a caer.
08:02:34. Termina el encierro sin apenas heridos. Me sorprende, cada año más, que muchos mozos aparcan las camisolas blancas para lucir orgullosos camisetas de equipos de fútbol. Una pena.
Son unas fiestas que hay que vivirlas y que en nada se parecen al resto de fiestas que los lectores hayan podido vivir. Los lectores que sí hayan estado en Sanfermines me podrán dar la razón. Si no las conoces te pueden dar pereza, pero, de verdad, nada tiene que ver el estar allí con verlas por la tele. Tengo muchos, muchísimos recuerdos de aquellos días (no recuerdo si estuve 2 o 3 años). Por supuesto la gente iba uniformada (vestida de blanco con el pañolico rojo) y cuando digo que iba uniformada me refiero a TODO el mundo en todo momento. Ibas a hacer la compra y te servían la fruta con el pañuelo, ibas al banco y allí estaban los trabajadores con corbata y pañuelo, veías a la policía con el pañuelo y si montabas en autobús, este estaba decorado con un pañuelo enorme en su frontal.
La fiesta duraba las 24 horas de los siete días. No paraba en ningún momento y continuamente había actividad. Como anécdota os cuento que había un bar de copas que estaba abierto las 24 horas y aprovechaban la hora del encierro, en la que la gente está pendiente de los toros, para poder limpiar y a las nueve de la mañana volver a abrir y seguir sirivendo copas.
En la parte "negativa" (lo entrecomillo porque lo digo con todo mi cariño) estaba el "Olor a Fermín". Con este nombre bautizamos a una fragancia que por allí se daba fruto de la mezcla de vino, calimocho y fluidos corporales humanos. De verdad, nunca olí un cadáver, pero seguro que el "Olor a Fermín" es peor. Yo, por suerte o por desgracia, sólo lo pude oler allí y no demasiadas veces, no vayais a pensar que huele así siempre.
De verdad, creedme cuando os digo que es algo impresionante y que merece la pena vivir.
Viva San Fermín !!!!!!
jueves, 2 de julio de 2009
Chorrada nambergüan
Hacía tiempo que te conocía. Sabía de tí a través de las muchísimas personas que me habían comentado tu existencia y poco a poco te fuí viendo por toda la ciudad. Hoy aquí, mañana allí...
Yo, en un principio y sin saber porqué, me resistía a conocerte. No quería ver esas bondades de las que tanto hablaban los que te conocían y cada vez que me acercaba a tí me obligaba a ver sólo lo negativo para no caer en tus redes cada vez más poderosas.
Pero estaba claro que no podría engañarme de esa manera a mi mismo durante mucho tiempo más, que acabaría rindiéndome a tus bondades y que si tanta gente te adoraba no era por casualidad.
Y es que no sé, querido Mercadona, que la verdad es que algo tienes y no sé muy bien decir qué es.
Yo, en un principio y sin saber porqué, me resistía a conocerte. No quería ver esas bondades de las que tanto hablaban los que te conocían y cada vez que me acercaba a tí me obligaba a ver sólo lo negativo para no caer en tus redes cada vez más poderosas.
Pero estaba claro que no podría engañarme de esa manera a mi mismo durante mucho tiempo más, que acabaría rindiéndome a tus bondades y que si tanta gente te adoraba no era por casualidad.
Y es que no sé, querido Mercadona, que la verdad es que algo tienes y no sé muy bien decir qué es.
Os regalo este anuncio de una cerveza. La canción merece la pena y el anuncio es puro verano.
miércoles, 1 de julio de 2009
Piña Colada

El cuerpo humano es muy inteligente (a veces también es un poco cabroncete). Y lo es porque cuando tiene necesidad de algo importante para su desarrollo lo pide de una manera sutil y casi sin que nos demos cuenta. Que el cuerpo necesita azúcar, pues la pide a través de postres. Que necesita hierro, pues lentejas.
Y ahora tengo yo dudas de lo que mi cuerpo necesita porque desde hace ya varias semanas no deja de pedirme Piña Colada!!!.
Todo empezaba en aquel hotel vacacional del que ya os hablé. Allí bebí (y lo puedo confirmar al cien por cien y sin ponerme colorado) más piña colada que agua. Apenas tenía alcohol, con lo que mi hígado debería estar tranquilo.
Al poco de llegar conocí un restaurante-cocktelería que acaban de abrir en Gijón (Avant Garde) donde pude ver como preparaban una piña colada de las de verdad y que, a día de hoy, sigo soñando con ella. De aquella no la pedí porque eran las dos de la tarde y debería haberlo hecho siguiendo una de las máximas de mi madre que dice: "Las cosas hay que tomarlas cuando te apetecen" y tiene razón, mucha razón.
Y ahora, cuando ya pensaba que todo había pasado, voy a hacer la compra y no paro de encontrarme con yogures líquidos de todas las marcas con ese sabor caribeño tan exquisito o zumos de ese sabor. Me compro las botellas a pares porque están buenísimos (los yogures).
Lástima de aquel invento de Trina que anunciaba Isaac el de "Vacaciones en el Mar" que terminó en fracaso estrepitoso. Si esto sigue así no se qué será de mi cuando este verano se acabe y con el se me vayan los paraguayos y la piña.
Y ahora tengo yo dudas de lo que mi cuerpo necesita porque desde hace ya varias semanas no deja de pedirme Piña Colada!!!.
Todo empezaba en aquel hotel vacacional del que ya os hablé. Allí bebí (y lo puedo confirmar al cien por cien y sin ponerme colorado) más piña colada que agua. Apenas tenía alcohol, con lo que mi hígado debería estar tranquilo.
Al poco de llegar conocí un restaurante-cocktelería que acaban de abrir en Gijón (Avant Garde) donde pude ver como preparaban una piña colada de las de verdad y que, a día de hoy, sigo soñando con ella. De aquella no la pedí porque eran las dos de la tarde y debería haberlo hecho siguiendo una de las máximas de mi madre que dice: "Las cosas hay que tomarlas cuando te apetecen" y tiene razón, mucha razón.
Y ahora, cuando ya pensaba que todo había pasado, voy a hacer la compra y no paro de encontrarme con yogures líquidos de todas las marcas con ese sabor caribeño tan exquisito o zumos de ese sabor. Me compro las botellas a pares porque están buenísimos (los yogures).
Lástima de aquel invento de Trina que anunciaba Isaac el de "Vacaciones en el Mar" que terminó en fracaso estrepitoso. Si esto sigue así no se qué será de mi cuando este verano se acabe y con el se me vayan los paraguayos y la piña.
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