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domingo, 14 de marzo de 2010

Restaurantes modernos (14 de marzo)

En el post dominical de esta semana os ofrezco un pequeño vídeo para entender mejor esas cartas de los restaurantes modernos que tan difíciles de entender nos resultan a los que ya vamos entrando en años. ¿Dónde están aquellas cartas que nos ofrecían "melocotón en almíbar" en la sección de postres?...

Disfrutad todos de este domingo que, seguro, será un gran día...


miércoles, 28 de octubre de 2009

Marina Yates



Desde hoy me he decidido a hacer la competencia no desleal a tantos y tan buenos críticos gastronómicos que hay en este país y empezaré a publicar las impresiones de los sitios a los que acuda a comer, cenar, desayunar, tomar un vino, etc.




Mi punto de vista, ya lo advierto, es un punto de vista llano y sin pretensiones. Un punto de vista sencillo, que al fin y al cabo creo que es el de la mayoría de todos nosotros.


Bien es cierto que en anteriores post ya me atreví a hacerlo con algún que otro sitio, pero ahora lo haré de un modo más regular, procurando ser lo más neutral posible. algo que, sinceramente, no sé si conseguiré.

Ayer, sin ir más lejos, estuve comiendo con unos cuantos amigos en un lugar que hace 48 horas ni me imaginaba que existía. Está situado dentro del Puerto de el Musel, en las instalaciones deportivas conocidas como Marina Yates. El restaurante pertenece a unas instalaciones de acceso público (importante recalcar esto) y que sirven para dar servicio a los usuarios de dicho puerto deportivo. Se encuentra en la primera planta del edificio y hasta que no estás dentro, te cuesta mucho imaginar lo que allí te vas a encontrar, que no es otra cosa que un pequeño restaurante, coqueto, bien atendido y bien decorado. En la segunda planta tienen una gran terraza que en un día soleado se le puede sacar un buen provecho.


En la entrada del edifico había una pizarra donde figuraba el menú que tenían previsto para ese día. En este punto debo decir que sobre la pizarra era un menú muy poco atractivo y mucho menos al precio que era de 15 euros. Constaba de Ensalada de Parrochas, Sopa de Marisco, Albóndigas o Lenguado al horno, postre, pan y vino. Ya veis que poco o nada atractivo.

Pero la realidad era bien distinta. La ensalada estaba preparada de una manera muy fina, bien emplatada y muy abundante. La sopa a mi me encantó. Tenía un sabor que te dejaba adivinar un punto de guindilla que era exquisito y un espesor exacto para lo que yo entiendo que debe ser una sopa de marisco. Y de tercero me decidí por el lenguado al horno, que venía en un plato abundante acompañado de patata panadera y un sabor de un pescado bien hecho y bien fresco. El postre estaba entre una Selva Negra o una tarta de queso, ambas de una buena calidad.


Con todo esto, el precio se queda más bien corto y como antes dije, nada tiene que ver el mensaje de la pizarra con la sensación que te queda tras la comida. En mi caso concreto, me quedé con una buenísima sensación que ya estoy deseando repetir.

El trato personal fué excelente. No hizo falta reservar, pero me da la sensación que poco a poco irá recibiendo más visitas que, a buen seguro, repetirán. Merece la pena probarlo. Sin duda alguna, lo recomiendo y estoy seguro que si lleváis a alguien allí le vais a sorprender. Seguro.




Además tuve la suerte de compartir mesa con siete grandes amigos y eso si que no hay dinero que lo pague. A ver si para la próxima comida ya somos, por lo menos, nueve.




miércoles, 24 de junio de 2009

Amistad


Hace tiempo me autoproclamé como un gran defensor de las reuniones periódicas, regulares o irregulares, de amigos en condiciones alegres, distendidas y divertidas; que los funerales también reunen amistades pero no forman parte de mi defensa.

Considero que la vida de cada uno está formada por varios componentes humanos fundamentales y cada uno de estos componentes juega un papel importante: Está la familia, está la pareja, están los hijos y están los amigos. No tenemos porque tener todos los componentes ni tampoco tienen que estar necesariamente separados (de hecho es muy interesante mezclarlos de vez en cuando) pero si me parece fundamental para el bienestar interno de cada uno poder disfrutar cada cierto tiempo de estos componentes (los que se tengan) de una manera independiente del resto de ellos. De los amigos es de lo que hablo en este post.

Por fortuna para mí, esta semana pude disfrutar de una comida con algunos de mis amigos. No estaban todos los que son, pero si eran todos los que estaban. En ese tipo de comidas hablamos de todo, de lo importante y lo banal, de lo divino y de lo humano, de la alegría y la tristeza, pero hablamos, opinamos, reimos, discutimos y sobretodo recordamos.

Yo soy de los que escucho más que hablo y muchas veces lo hago por no considerarme preparado a opinar sobre ciertos temas, pero mientras escucho pienso y mientras pienso disfruto...y al final concluyo siempre con la misma idea en mi cabeza: "Que suerte tengo de poder estar aquí en este momento y poder disfrutar de esta compañía".

Puede sonar cursi y de hecho suena, pero es real y agradezco a la persona que tuvo la grandísima idea de proponer que estas comidas se repitiesen, al menos, una vez al mes. De momento llevamos dos y espero que ese número vaya creciendo.

Y es que todo tipo de reuniones son fundamentales con la excusa que sea: Ir a comer, ir a cenar, tomar un vino, un fin de semana rural, una llamada de teléfono...pero hay que hacerlas y no se puede uno dejar llevar por la pereza, ni por la desidia, grandes enemigos de este tipo de valores.










martes, 18 de noviembre de 2008

Otra de comida

Ya me lo decía primero mi madre: "Es que tu yes un repunantin pa la comida". (repunante, sin la G, es una palabreja de esas que sólo utlizamos en Asturias que significa tiquismiquis, maniatiquín, etc.).

Y es que yo, cuando era pequeño, las pasaba canutas cuando algún amiguete del cole me invitaba a comer y de primero había pote gallego y de segundo huevinos cocidos con bien de pimentón. Madre mía que riquísimo....



También lo pasaba mal en mi juventud con la moda de los restaurantes chinos. Siempre se repetía la misma afirmación cuando yo decía que no era mi opción favorita: "Eso es que no fuiste al chino que hay que ir" y allí me plantaba yo en el superchino elegido y viendo que todo era exactamente igual al anterior con tronos imperiales para sentarte, decoración plagada de rojo y oro, botella de agua mineral de 2 litros de plástico sobre la mesa y una larguísima carta con todo tipo de platos a un precio sospechosamente barato.

Vale que no está bien que mi plato favorito sea el lomo con patatas del cual estaría alimentándome toda mi vida y que es raro que no coma huevos fritos (en esto sí que no conozco a nadie), pero tampoco soy tan "repunantín" como decía (y dice) mi madre.

Por suerte todo eso va cambiando con la edad y aunque no como de todo, si como bastante más variedad y mucho mejor que antes. De hecho ya descubrí un chino que me gusta (en Madrid), ya comí en un persa y en algún hindú. Me gusta mucho la comida mex y como ensaladas de todo tipo. Comon hamburguesas desde que vi Pulp Fiction. Vamos que soy omnívoro.
Con este rollete culinario, lo que os quiero decir, es que ya me podéis invitar a comer, a cenar, a gintonics y a lo que sea, que este humilde escribano aceptará de buen gusto todas vuestras propuestas.


Abrazos
PD: no me digáis que no tiene buena pinta la "jamburguer" de la foto

jueves, 13 de noviembre de 2008

Una de gastronomía...


Cuando hay hambre, hay un plato que suele ser bien recibido por los estómagos rugientes: Un pinchín de tortilla de patata calentina con un buen trozo de pan, que podemos acompañar de un chatín de vino para pasarla mejor, pero por favor, que no lleve CEBOLLA.


Sé que esto no goza del beneplácito de mi audiencia, pero es algo que defiendo desde mi primera tortilla y lo seguiré defendiendo digan lo que digan. Sólo conozco a dos personas que opinan como yo, que son mi hermana y mi amigo Alejandro y estamos pensando en montar algo así como "Cebolleros Anónimos" dado el acoso al que nos vemos sometidos constantemente.

La tortilla cebollera tiene un saborcillo tirando a dulzón que a mi entender la estropea. Se nota y mucho y hasta el color es distinto y no me valen afirmaciones del estilo de:

"Pero si no se nota", "Tómala que sabe igual que la otra" o "Está la cebolla muy picadina y no se nota nada". Pues si no se nota, ¿Para qué la echas? (me pregunto yo mentalmente).

Con el paso de los años, debo reconocer que mi tolerancia va en aumento y si hay mucha fame, lo mismo me da que tenga puerros, ajos o pimientos choriceros que me la como igual, pero si carece de cebolla lo agradezco.

De todas formas lo de la tortilla es muy personal, ya que a unos les gusta caliente, a otros que esté hecha del día anterior, a otros jugosina y alguno que sea como un ladrillo. Hay quien la rellena, quien la toma con leche o con cocacola.

Pero soy un raro especimen y lo reconozco. No soporto la cebolla, pero bien de aros de cebolla que me como a dos carrillos sin hacerles ascos. Si es que no tengo remedio...