
Hace tiempo, los que me seguís, ya sabéis que el pasado diciembre conseguí probar el pincho de tortilla más malo malísimo del mundo avalado por la World Tortillery Pinching, organismo competente en la materia donde los haya, pero el pasado viernes esa marca fue superada con creces por otro que ya se antoja insuperable hasta el punto de convocar de manera inmediata el segundo certamen porque eso no había por donde cogerlo.
Es muy difícil hacer una tortilla de patata tan mala como la del pincho que me comí para empezar el fin de semana. La tortilla nadaba en aceite (abundante aceite), las patatas que la formaban estaban cocidas y mal cocidas y el sabor era similar al del corcho de una botella de "Don Moratón". Cómo sería de malo aquel minibocadillo que soy incapaz de recordar si llevaba cebolla o no, que ya es decir.
Según lo estaba comiendo no daba crédito a lo que estaba sucediendo dentro de mi boca. Era incapaz de articular una sola palabra y mis pensamientos ya estaban destinados a pensar en las terribles consecuencias que semejante ingesta podría tener para mi salud.
En fin. De todos los errores aprende uno en la vida y espero que ninguno de vosotros cometa el error que yo cometí, que ahora me cuesta levantar la cabeza y jamás podre volver a mirar a una tortilla de patata a la cara...y recuperar el estómago.


