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lunes, 8 de noviembre de 2010

A buen entendedor...


Hoy es un día de esos que merece la pena estar en casa. Echado en el sofá, cubierto por una manta de cuadros escoceses y con un buen café esperando sobre una mesa auxiliar. La luz es artificial y sólo alumbra el lugar donde estoy disfrutando de un buen libro con el golpe de las gotas de lluvia sobre la ventana como único sonido de fondo. El sentimiento es una mezcla de felicidad y de tranquilidad, de sosiego y de paz mental...

Hace mucho tiempo que yo no puedo disfrutar de un momento como ese y es previsible que tampoco lo pueda hacer en los próximos años, así que vosotros, si podéis no se os ocurra desperdiciarlo con tonterías, porque tenéis que saber que "al otro lado" estamos deseando y añoramos momentos así y si queréis hacer un regalo, entre líneas os dejo la propuesta que más os agradecerán.


... pocas palabras bastan.


PD: Os dejo una foto típica de un día como hoy, con lluvia, viento, frío y poca luz. Un día en el que vale más mojarse porque ningún paraguas se resistirá.

domingo, 11 de enero de 2009

Domingo frío de enero


Entre las muchas divisiones que se pueden hacer de los gijoneses está la de los gijoneses que recuerdan como los oricios se vendían a paladas y lo que no lo recuerdan.

Yo soy de los primeros pero muy vagamente y para los segundos hago una especie de memorandum: Hace no demasiados años se podían comprar los oricios directamente en un camión que se ponía en la escalera 2 de la playa de San Lorenzo, que es la mal llamada escalera porque en realidad es una rampa y que está situada justo enfrente de las oficinas del Ayuntamiento de Gijón, antigua Pescadería Municipal. El negocio era que tu ibas allí y comprabas los oricios a paladas. Le decías al vendedor el número de paladas y el te las metía en una bolsa, probablemente de las de basura grises de toda la vida, y a veinte duros la palada (por decir un precio, ya que no lo recuerdo). En caso de lluvia la venta se realizaba en los soportales de la citada Pescadería Municipal y la pala era una pala de obra de las de verdad. De ahí a casa y a comer uno de los alimentos probablemente mas sanos que existen.

Y me acuerdo de estoy hoy, domingo frío de enero, porque era el día en el que yo veía esas operaciones de la que iba a misa de diez a San Pedro con mis padres. Aquello era un ritual del que yo tengo un cariñosísimo recuerdo. Íbamos a misa de diez y a la salida nos íbamos a desayunar al San Xuan previo paso por un kiosco de prensa de la calle san Bernardo, cuyo nombre no recuerdo, donde mi padre se compraba los periódicos con su debido suplemento y yo un tebeo. El San Xuan ya no es lo que era (hace ya bastantes años que dejó de ser lo que era en un principio) y yo me quedé con la costumbre dominical de comprar prensa y suplementos.
Costumbre que hoy cumpliré de nuevo...

martes, 25 de noviembre de 2008

Tengo frío

Yo soy de los que prefieren un calor atorrante e ir ligero de ropa a un frío chungo que se te mete hasta los huesos y que te obliga a ir vestido con tropecientas prendas. Lo prefiero desde siempre aunque siempre sea más fácil combatir lo segundo que lo primero y el frío traiga sensaciones más reconfortantes.

Esto lo digo por esta mierda de tiempo que nos está tocando vivir en estos días y que me toca a mi otra cosa, porque no lo aguanto (joder, parezco "el amargao" que es un cliente mío del que un día os hablaré).

Lo que si disfruto es estar en casina calentín (mis amigos mirandeses estarán descojonandose con los diminutivos utilizados) mirando a través de la ventana una tormentona de esas que hacen época y que golpea las persianas. Un día de esos que la lluvia y el viento fuerte se mezclan en la noche mientras sostengo entre mis manos una taza de café (como la amiga de la foto) y de fondo suena jazz (aquí ya me sobré).

Otra sensación que me gusta mucho y que alguna vez me ha tocado vivir es estar cerca del puerto deportivo de Gijón en día de viento y escuchar el sonido de los barcos que están amarrados en sus pantalanes. El movimiento hace que sus cables metálicos (es que no se cuál es su denominación náutica) choquen entre si y con sus mástiles y hagan un peculiar tintineo que merece la pena escuchar atentamente. O como cuando estuve en Munich hace un año y me tomé un vino caliente a las once de la mañana en el Viktuallenmartket en un puestecillo de madera que estaba en medio de la calle.

Por cierto, voy a contaros un truco para dormir en días de insomnio: Cuando estéis metidos en la cama tapados hasta la nariz, en lugar de estar pensando en los problemas que nos impiden dormir pensad en esos días en los que estás en la calle por obligación con frío polar y desearías por todo el oro del mundo irte de ahí para meterte en tu casa porque no soportas más ese tiempo y porque te mueres de sueño. Eso o, como nos dice MG, tomar un gintonic después de cenar.

Pero a pesar de estas todas estas sensaciones sigo diciendo que donde esté un buen día de sol en el que vas de manga corta y tu cuerpo absorbe energía solar a raudales que se quite el incómodo frío y el despeinante viento (jajaja).